Young Tae Kim: “Hay privilegios que ya no tienen sentido en la era del cambio climático”

por Elena de Jesús

Young Tae Kim, secretario general del International Transport Forum (ITF)

Young Tae Kim es desde mediados de 2017 el secretario del International Transport Forum, una organización intergubernamental integrada a la Organización para el Desarrollo Económico y Cooperación (OCDE) que reúne a 60 países miembros y actúa como un grupo de reflexión para la formulación de políticas de transporte. Conscientes de que este sector se sitúa en el epicentro de los desafíos que plantea la pandemia del coronavirus y de que desempeñará un papel clave en la recuperación, desde ITF se comprometen a contribuir con su labor de avanzar en el diálogo político mundial. El objetivo es lograr un “mejor transporte y ayudar a los gobiernos a construir una argumentación empírica para tomar las mejores decisiones en estos tiempos difíciles”, apunta el responsable de la organización.

Comentaba en un artículo que “debemos empezar a pensar en el futuro y a planificar para la era post-pandémica. Porque el mundo después de la crisis del coronavirus ya no será el mismo”. ¿Por dónde empezamos en el transporte de mercancías?

Esta crisis sin precedentes es como un prisma. Evidencia las tensiones y contradicciones que se han acumulado durante los años en los que las cosas iban bien. Ahora el drama del covid-19 focaliza nuestras mentes en estas grandes cuestiones: ¿Qué tenemos que hacer para sobrevivir como individuos y como empresas? ¿Y qué lecciones debemos extraer de cara al futuro de esta terrible experiencia? Los verdaderos líderes se enfrentan a la primera pregunta de forma rápida y decisiva, pero tan pronto como sea posible, reorientan su enfoque hacia la cuestión de la viabilidad a largo plazo.Aquí es donde se encuentra todo el sector del transporte en este momento. Todos nos preguntamos qué significa todo esto para nosotros en términos de objetivos, estrategias, modelos de negocio.

El sector deberá reflexionar sobre los diversos equilibrios con los que ha estado haciendo malabares: equilibrios entre seguridad y conveniencia, entre eficiencia y resistencia. Tenemos que ser honestos con nosotros mismos acerca de las vulnerabilidades de los sistemas de transporte integrados. También tenemos que serlo sobre lo que significa que los actores se vuelvan “demasiado grandes como para fracasar” y sobre cómo se permiten a algunos reducir sus propios costes descargándolos en la sociedad.

“En lugar de pensar en lo que es bueno para un subsector específico, trabajemos para mejorar todo el sistema de transporte”

¿Cree que hemos aprendido algo en esta crisis para mejorar la logística?

Ahora sabemos realmente lo interconectados que estamos. Incluso aquellos que pensaban en la interdependencia en términos abstractos, ahora entienden lo que significa en la práctica. Para el sector del transporte y la logística, hay varias implicaciones. Primero, el sector del transporte necesita pensar más holísticamente y considerar el transporte como un todo. Realmente necesitamos salir de nuestros propios compartimentos.

Permítanme darle un ejemplo sencillo: Los megabuques que transportan 20.000 teus o más permiten que el transporte marítimo sea más eficiente, pero pueden suponer una enorme presión añadida para los puertos y la infraestructura del interior. Así que, en lugar de pensar en lo que es bueno para un subsector específico, trabajemos en la mejora de todo el sistema de transporte.

Surgen cada vez más voces que, tras la pandemia, apuestan por acercar las cadenas de suministro, es decir, regionalizarlas. ¿Qué opina al respecto? ¿Cree que se producirá este cambio?

Algunos países se están empezando a dar cuenta de que la deslocalización puede ser arriesgada, especialmente la deslocalización de bienes estratégicos y esenciales, por lo que podría producirse un movimiento para re-regionalizar la producción de algunos bienes estratégicos. Al mismo tiempo, la mayoría de las cadenas de suministro están impulsadas por el mercado. Por lo tanto, la regionalización solo se producirá si las empresas privadas consideran que es de su interés.

Dicho esto, las políticas gubernamentales pueden marcar la diferencia, por ejemplo, si provocan un aumento del coste del transporte de mercancías, por ejemplo, al fijar el precio de las emisiones de carbono de los fletes.

¿Es un riesgo que la cadena logística global dependa tanto de China?

La interdependencia ofrece muchas oportunidades, de lo contrario, no habríamos llegado a estar tan interconectados. Pero, por supuesto, también implica riesgos específicos. Lograr que funcione para todas las partes requiere de excelentes sistemas de intercambio de información a nivel operacional. Estos son esenciales para permitir a todos los involucrados anticiparse a los acontecimientos y cooperar sobre la base de conocimientos compartidos.

Pero las cadenas de suministro mundiales también precisan de una coordinación mundial a nivel gubernamental, un diálogo político continuo. La organización de este diálogo es uno de los puntos fuertes del International Transport Forum y, precisamente, una de mis ambiciones como secretario general de esta organización es llevar adelante el debate sobre cómo mejorar el marco político de las cadenas logísticas mundiales.

En el artículo al que hacía antes referencia, usted propone que en este contexto “los gobiernos tienen la oportunidad de establecer políticas que impulsen la transformación del transporte hacia una movilidad más sostenible”. ¿Teme que esta crisis paralice la transformación que requiere el sector?

Algunos gobiernos podrían verse tentados a impulsar sus economías recurriendo a políticas que fomenten el PIB sin tener en cuenta los costes externos. Este es un riesgo real. Pero lo cierto es que también veo a muchos gobiernos reflexionando sobre cómo pueden crear paquetes de estímulo que catapulten sus economías hacia un modelo económico basado en el crecimiento sostenible. Estamos en un momento trascendental y el transporte es un elemento central. ¿Vamos a ofrecer incentivos a los consumidores para que compren vehículos eléctricos o con motores de combustión interna? ¿Vamos a vincular los rescates de las aerolíneas con compromisos para ser más ecológicos, por ejemplo, para usar más biocombustibles o dejar de competir con el transporte ferroviario de alta velocidad cuando este ofrezca una alternativa viable? Se trata de cuestiones estratégicas a largo plazo.

“Algunos países se están dando cuenta de que la deslocalización puede ser arriesgada, especialmente la de bienes estratégicos y esenciales”

¿Cómo podrán afrontar estas nuevas exigencias medioambientales las aerolíneas, las navieras o las empresas de transporte por carretera que están viendo comprometida su viabilidad en esta crisis?

Ofrecer opciones de transporte menos perjudiciales para el medioambiente no debería ser un peso añadida que pudiera hundir a una empresa. Más bien, deberían ser recompensadas como una decisión empresarial con visión de futuro. Los gobiernos pueden crear condiciones para que las mejoras ambientales se conviertan en el pilar de cualquier estrategia de supervivencia. ¿Costarán esos planes a los gobiernos? Por supuesto. ¿Hay dinero? Sí, si los gobiernos reexaminan sus medidas de apoyo existentes para saber si estas siguen teniendo objetivos legítimos. Hará falta algo de valor, pero nunca han sido más sólidos los argumentos para reconsiderar la actual estructura de incentivos de las políticas relacionadas con el transporte.

¿Será necesaria la ayuda pública para salvar al sector del transporte?

Los gobiernos ya han empezado a prestar apoyo a los sectores más afectados, como en el caso de la industria de la aviación. Pero deben actuar con precaución. Es probable que los contribuyentes se muestren críticos con el apoyo a las opciones de transporte insostenibles o con los rescates de empresas que consideran que actúan de forma egoísta. Los votantes son muy sensibles a la desigualdad de trato, real o percibida, y a la impresión de que no existe igualdad de condiciones.

El sector del transporte debe esperar que toda ayuda pública incluya algunas condiciones, y que pueda ir acompañada de un impulso más amplio para revisar los privilegios que en su día tuvieron sentido, pero que ya no lo tienen en la era del coronavirus y el cambio climático.

En este sentido, ITF ha presentado un informe que aborda la conveniencia o no de que las administraciones acudan al rescate de las navieras con fondos públicos. ¿Cuál cree que es la solución?

Una vez más, los gobiernos pueden acelerar las reformas utilizando la palanca que les ofrecen las subvenciones y los rescates, tanto en el sector marítimo como en cualquier otro, como puede ser la aviación. En el caso del transporte marítimo, las políticas de los gobiernos podrían tener dos objetivos importantes. En primer lugar, asegurarse de que las empresas que dependen del apoyo gubernamental aceleren su descarbonización y contribuyan así a los objetivos climáticos del Acuerdo de París, aunque el transporte marítimo no esté cubierto por él. En segundo lugar, asegurarse de que las empresas no descarguen los riesgos comerciales en el sector público y contribuyan a los niveles adecuados para cubrir el coste de la infraestructura pública de la que dependen, por ejemplo los puertos.

“Nunca han sido más sólidos los argumentos para reconsiderar la actual estructura de incentivos de las políticas relacionadas con el transporte”

¿Qué opinión le merece la decisión de la Comisión Europea de prorrogar el Reglamento de Exención por Categorías (BER, por sus siglas en inglés), que permite el establecimiento de las alianzas marítimas?

El informe que menciona señaló varios puntos de la reglamentación que no son tan claros como podrían serlo, y la claridad en la reglamentación es seguramente algo conveniente. En términos más generales, varios observadores han señalado que el mantenimiento de una reglamentación específica para una industria está de alguna manera en desacuerdo con la tendencia hacia marcos reglamentarios más amplios y alejados de las normas de competencia propias de cada sector.

¿Qué mensaje le gustaría trasladar al sector del transporte en su lucha contra el covid-19?

Mi primer mensaje va dirigido a todas las mujeres y hombres que trabajan en el transporte de mercancías. Ninguna palabra puede expresar suficientemente el agradecimiento que todos les debemos por permanecer en servicio, por mantener las ruedas en movimiento, por entregar mercancías esenciales en circunstancias peligrosas. Si alguien dudó en algún momento de que los transportistas, la gente del mar, los trabajadores de los astilleros y los pilotos, por nombrar solo algunos, eran esenciales para el funcionamiento de nuestras sociedades, ahora lo sabe. Y no deberían olvidarlo.

Mi segundo mensaje es para los líderes y los responsables de la toma de decisiones de nuestro sector: No se dejen intimidar por la crisis. No sean tímidos. Piensen en el futuro. Piensen a lo grande. Vean la oportunidad en el cambio. Sean audaces en su búsqueda. Construyan su negocio futuro sobre una base sostenible, por el bien común, por nuestro futuro común.

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