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Unidad, la clave para el cambio

Antolín Goya Coordinador general de Coordinadora

20 diciembre, 2017

Me invitaron hace unas semanas a dar una charla TedX que se celebraba en Málaga. “Algo estamos haciendo bien”, pensé, pues hace unos meses hubiera sido impensable que alguien nos llamara para ofrecer nuestro discurso en un escenario de tanto prestigio y para un público general, no sectorial.

Así, estuve varios días pensando sobre el contenido de la misma, sobre qué podíamos los estibadores expresar como conclusión de este año de conflicto que hemos vivido, de estos meses de negociaciones y enfrentamientos, de estrategias y, sobre todo, de unidad de los trabajadores. Y me pareció que precisamente eso era sobre lo que podría contar: sobre la unidad como clave para el cambio. Porque las cosas pueden cambiar, por supuesto que pueden cambiar, y conté nuestra experiencia.
Soy estibador del puerto de Santa Cruz de Tenerife y represento a los 6.200 que actualmente estamos en activo en España, además de a otros 500 trabajadores portuarios. También representé en su día, durante siete años, a los más de 100.000 afiliados a IDC, que es el Consejo Internacional de Estibadores. Más de 100.000 trabajadores de los puertos de los cinco continentes que compartimos organización, metas, desvelos y somos capaces de unirnos en una acción conjunta cuando entendemos que es necesario.

Ahí radica nuestra fuerza, en la unidad. Y llegamos a ella, a pesar de competir por el mismo trabajo, porque nos dimos cuenta de que vivimos en una sociedad en la que las grandes corporaciones, los gobiernos, los medios de comunicación, incluso los grandes sindicatos, muestran una realidad, normalmente problemática, que, en un momento dado, les conviene; la presentan como verdad absoluta y nos la hacen creer. Los trabajadores, los ciudadanos en general, no tenemos la posibilidad de participar en esa realidad como actores, somos meros receptores –y sufridores– de la misma, no podemos tomar decisiones que normalmente afectan a nuestro futuro. Así, estamos excluidos del diseño de lo que será nuestro devenir.

Por ejemplo, en nuestro país, a pesar de existir una mayoría de partidos que aseguran estar en contra de la reforma laboral, no ha habido ni una sola iniciativa parlamentaria para derogar una norma que ha recortado de forma feroz los derechos laborales, entre otros, limita de manera extrema la posibilidad de la negociación colectiva. Los trabajadores no hemos podido influir sobre una realidad que nos ha hecho retroceder 30 años y nuestros representantes no se ponen de acuerdo para defendernos. Nos resulta inaudito que, por poner otro ejemplo, sí que hayan acordado la exhumación de los restos de Franco.

Por ello creamos Coordinadora e IDC para tener voz propia, para influir en aquellas decisiones que nos afectan hoy y diseñarán nuestro futuro y por ello hicimos que fueran organizaciones asamblearias, donde todas las opiniones cuentan. De esta manera, la unidad entre todos nosotros, fundamental para tener capacidad de lucha, para tener una voz respetada, en definitiva, para lograr cambios, no se rompe.

Es cierto que los estibadores trabajamos en un lugar estratégico para la entrada y salida de mercancías, para la economía del país, pero por más que esto sea así, si no estuviéramos unidos no tendríamos ninguna capacidad de interlocución.

Somos conscientes de que hay muy pocos problemas que no podamos resolver juntos y muy pocos que podamos resolver cada uno por separado. Por ello, aceptamos que el bien común en ocasiones exija sacrificios personales. Y esta manera de entender nuestro trabajo y a nuestros compañeros provoca que nos sintamos respaldados ante cualquier negociación, cualquier desafío; hace que seamos un interlocutor colectivo a respetar. Cada uno en su papel juega para el resto del equipo, ya sea hombre o sea mujer.

En España, hay muchas mujeres estibadoras que han entrado a formar parte de los puertos, fundamentalmente en los últimos años, como cualquier otro compañero. Con los mismos sueldos y las mismas obligaciones. En un mundo que ha sido tradicionalmente masculino, vinculado a la fuerza y a las grandes máquinas, llevan ya muchos años entrando mujeres: en Valencia hay casi 300 compañeras, en Barcelona, casi 50, en Málaga, en Bilbao, en Castellón… Acceden en menor medida que los hombres por muy distintos factores, entre otros, que las titulaciones requeridas por el ministerio de Educación para entrar en una sociedad de estiba la cursan hombres en un 95%; pero aun así, se hacen, cada vez, un hueco mayor. Sólo es necesario que haya vacantes en el puerto y que superen las pruebas de acceso. No somos los estibadores quienes contratamos sino las empresas, pero en la parte que nos toca, desde una posición sindical, como no puede ser de otra manera, hacemos una apuesta decidida por la incorporación de la mujer al trabajo portuario, una apuesta decidida por la igualdad.

Y la incorporación de la mujer a los muelles, respaldada por los propios trabajadores, es una muestra de que la capacidad de negociar en bloque, ‘todos o ninguno’, no está en absoluto reñida con la flexibilidad. Entendemos que tenemos que adaptarnos a los tiempos en nuestras tareas y su manera de desempeñarlas, cada vez con mayor tecnología, en nuestras condiciones, para captar tráficos y que los números de los puertos españoles sigan con el crecimiento espectacular que han tenido en los últimos años.

Con esta manera de organizarnos lo que logramos es que las empresas sepan que no pueden acordar conmigo algo e ir a proponerle una rebaja al compañero de al lado o al puerto vecino. No pueden pactar las condiciones de manera unilateral y tampoco rebajarlas sin que medie una negociación. Somos un equipo y nuestra fuerza radica en la unión, entre todos defendemos una profesión digna.

Y ese fue el mensaje que lanzamos desde la plataforma privilegiada de la Ted Talk: el cambio es factible para todos aquellos trabajadores que ven cómo se dilapidan sus derechos. Sólo tienen que abandonar la actitud derrotista y resignada; variar su mirada y empezar a ser protagonistas de su presente y de su futuro. Tienen que organizarse y unirse hasta lograr una voz potente y respaldada. Así, aunque la situación se presente de frente, aunque el ministerio de turno no escatime en gastos para hacerlos desaparecer; las empresas se empeñen en recortar todas las partidas laborales hasta límites insospechados, aunque monten campañas de desprestigio y utilicen cualquier argumento, real o no, para hacerlos parecer unos privilegiados, conseguirán hacerse oír en una mesa de negociación y lograrán mejores condiciones de trabajo. Nosotros somos el vivo ejemplo: seguimos en los puertos y estamos dispuesto a apoyar a cualquier colectivo de trabajadores que requiera de nuestro respaldo.