Un tercio de las empresas británicas con operadores de la UE quiere sustituirlos

por El Vigía

El Canal de la Mancha se está ensanchando tras el Brexit. Con el objetivo de evitar los nuevos aranceles que habrá que pagar en la frontera entre el Reino Unido y los países de la Unión Europea, las empresas a ambos lados de la misma ya se están preparando para romper y abaratar su actual cadena de suministro. De hecho, un tercio de las empresas británicas con proveedores en el continente está buscando reemplazarlos por otros situados en su territorio nacional y un 46% de las compañías europeas esperan reducir el uso de operadores británicos. Éstas son las principales conclusiones de una encuesta realizada por el Chartered Institute of Procurement & Supply (CIPS) el pasado mes de abril.
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Con el referéndum, ha surgido un nuevo obstáculo. El 39% de los empresarios ingleses denuncian que en sus relaciones comerciales se encuentran en “una posición de negociación débil” debido a la fragilidad de la libra esterlina. Y como prueba de ello, dos tercios de las firmas británicas han visto encarecerse su cadena de suministro y un tercio está renegociando sus contratos.
Como advierte el consejero delegado de CIPS, Gerry Walsh, “las fluctuaciones en el tipo de cambio o la introducción de nuevas tarifas pueden cambiar dramáticamente el lugar donde las empresas británicas hacen sus negocios. La separación del Reino Unido de Europa ya está en marcha incluso antes de que se inicien las negociaciones formales”. Por su parte, los gestores europeos confían más en su capacidad para responder a los nuevos aranceles reestructurando su cadena de suministro dentro del mercado europeo.
Prepararse para lo peor
Las empresas no tienen tiempo que perder. “Mientras los diplomáticos de ambos lados de la mesa apenas han decidido sus principios de negociación, los gerentes de la cadena de suministro están ya profundizando en sus preparativos post Brexit”, critica Walsh.
Tanto las empresas europeas como las británicas están de acuerdo en que la principal prioridad de las negociaciones debería ser mantener los aranceles y las cuotas al mínimo, pero, por si acaso no es así, ya están listas para reorientar y adaptar su cadena de suministro a la nueva realidad.
En todo caso, el pesimismo es evidente cuando se trata de valorar el coste financiero del Brexit. Más de un tercio de los gestores británicos planea abaratar los costes de sus operadores y el 11% admite que una parte de sus operaciones podría no ser viable. Parece probable que el Brexit traiga consigo gastos considerables tanto para las empresas británicas como las europeas, pero –como advierte Walsh– al final serán los pequeños proveedores y los consumidores finales quienes deban asumir estos costes extra.

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