Tres esferas de actuación en el Corredor Mediterráneo

por Josep Vicent Boira
Josep Vicent Boira

Comisionado del Gobierno para el Corredor Mediterráneo

El Corredor Mediterráneo es mucho más que una infraestructura. A diferencia de otros proyectos estrella del modelo de comunicaciones español, este debe abordarse desde una perspectiva multidimensional. Son al menos tres los principios o procesos a los que, según mi opinión, esta oficina del Corredor debe atender. En primer lugar, una visión a largo plazo de la infraestructura que permita cumplir los objetivos de su finalización en 2030 y su inclusión completa y con los estándares internacionales en la Red de Transporte Transeuropea (TEN-T en sus siglas en inglés). Esta visión a largo plazo debe complementarse –y es una preocupación personal–, con la capacidad de poner al servicio de personas y mercancías los tramos que se vayan finalizando. Por ello, suelo decir que el Corredor no tendrá un día único de corte de cinta como otras infraestructuras. Para conseguir este objetivo, trabajaremos en un plan de desarrollo del Corredor con un seguimiento específico de los diferentes tramos y subtramos, así como confeccionando un esquema de prioridades y un cronograma real de obra y puesta en servicio. Este primer objetivo debe incluir también un desarrollo regional equilibrado y un auténtico proceso de participación de sectores comprometidos, comenzando por los empresarios y acabando con la propia ciudadanía.

Pero no basta con coordinar y promover trabajos de obra y servicio en el Corredor Mediterráneo. A mi entender es preciso también, como segunda dinámica, establecer una estrategia de desarrollo logístico especialmente en relación con los puertos y las terminales RRT (Rail Road Terminals). El Corredor Mediterráneo desarrollará todo su potencial cuando sus diferentes modos de transporte estén conectados y sean capaces de permitir el inteligente trasvase de carga de uno a otro. Complementariedad e intermodalidad deben ser principios básicos del mismo. Por ello, se necesita una política de promoción de inversiones, medidas impulsoras de una nueva logística y remoción de obstáculos que impidan el crecimiento de terminales intermodales y de conexiones portuarias. Pero todavía hace falta una tercera faceta.

Junto a la estrategia de desarrollo de la infraestructura y de la logística, es preciso acudir también a una estrategia de desarrollo socio-económico asociado fundamentalmente a ciudades y regiones. En este caso, el Corredor Mediterráneo debe ser sensible a las consideraciones ambientales y sociales que su desarrollo comporte. Por otra parte, no se puede entender una infraestructura como ésta sin una atención especial a los nodos urbanos por los que pasa. Solo entre Barcelona y Almería hay once ciudades de más de 100.000 habitantes. Este hecho atribuye al proyecto un dinamismo envidiable y permite augurar una utilización provechosa del mismo, pero también requiere una atención precisa a cómo este Corredor atraviesa espacios densamente poblados.

A mi entender, solo desde la interacción de estas tres esferas de actuación (infraestructura, logística y territorio) puede pensarse en un desarrollo eficaz del Corredor Mediterráneo. Esperemos que con esta presentación quede en evidencia que este proyecto es mucho más que un AVE. Es un auténtico reto de equilibrio territorial, de modelo de infraestructuras complementario al que tradicionalmente ha existido en España. En el Corredor Mediterráneo la demanda es anterior a la oferta y aunque esto comporta incomodidades para los usuarios (personas o empresas), es cierto que asegura una viabilidad a corto, medio y largo plazo, lo que no puede decirse de todas las infraestructuras construidas en España en los últimos decenios.

¿Y con qué filosofía debemos abordar estas tres esferas de actuación que nos marcamos como meta? Pues aquella que se construye sobre otros tres principios: movilidad, permeabilidad y accesibilidad. El Corredor Mediterráneo no es un fin en sí mismo, sino un medio. Nunca deberemos perder de vista este principio.

No puedo acabar esta breve enumeración de mi visión del tema sin remarcar el profundo sentido europeísta de la propuesta. El Corredor Mediterráneo forma parte de la Red de Transportes Transeuropea (TEN-T) y, por ello, los diferentes tramos que pasan por España son también un proyecto de ambición europea. En 2011 y 2013, la Unión Europea pasó de tener un mapa de proyectos desconectados de ámbito estatal a conformar una auténtica red de transportes continental donde la sociedad europea se juega su futuro. En estos momentos, cuando muchos dudan del proyecto de integración europea, la apuesta por el Corredor Mediterráneo es una respuesta contundente a favor de una Europa más fuerte, unida y potente en el escenario global.

Con todos estos mimbres, comprenderá el lector que esté orgulloso de dirigir la Oficina del Corredor Mediterráneo del Gobierno de España, donde trabajan una decena de profesionales de diferentes campos, algunos con gran experiencia en la gestión de servicios ferroviarios y logísticos, y con una visión ilusionante y vibrante, abierta hacia un futuro mejor. Tanto para las sociedades que son atravesadas directamente por el Corredor Mediterráneo como para aquellas que, con intuición y sagacidad, lo ven como un instrumento esencial para la competitividad de toda España y de toda Europa en su proceso de adaptación al paradigma de la conectividad mundial, estamos pues ante una infraestructura vital.

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