Transporte de mercancías: hacia dónde vamos

por Carmelo González
Carmelo González

Presidente del Comité Nacional de Transporte por Carretera (CNTC)

Quiero aprovechar esta oportunidad para dar las gracias a todas y cada una de las personas que, con su esfuerzo, responsabilidad, profesionalidad y desgraciadamente en algún caso con su vida, están luchando contra todas las circunstancias que nos está deparando el Covid-19.

Y, dentro de este grupo humano, quiero poner en valor el esfuerzo de los profesionales del transporte de cualquiera de los modos. Gracias de corazón.

Que nadie piense que somos oportunistas y que queremos aprovechar este momento para reivindicar determinadas cuestiones, ya que, como muchos sabrán, algunas de ellas vienen de largo.

Estamos viviendo momentos críticos, duros y muy difíciles en lo personal y en lo profesional, de los no saldremos sin un gran esfuerzo por parte de todos y cada uno de nosotros. Pero de esta, sin duda que saldremos.

Simplemente quisiera poner en blanco sobre negro la enorme preocupación con la que estamos viviendo el desarrollo de esta crisis, que sabemos cuándo ha empezado, pero de la que no sabemos cuándo finalizará, tanto en el aspecto sanitario y de salud para todos nosotros, como en lo relacionado con la pandemia económica en la que ya estamos inmersos.

Desde el Comité Nacional de Transporte por Carretera (CNTC) seguimos muy de cerca todas y cada una de las noticias que, día a día, se nos trasladan desde el Gobierno nacional y los autonómicos, en su afán por luchar contra el ataque del virus en nuestra sociedad.

Pretendemos, desde el CNTC, trasladar las recomendaciones que, como un aluvión, nos llegan en aras a garantizar la continuidad de nuestra actividad económica, dedicada, en la mayoría de los casos, a continuar suministrando bienes de primera necesidad (alimentos, medicamentos, material sanitario, etc.) a la sociedad española y europea, con el objetivo de que esta se sienta lo más confortable posible, dentro de la grave situación de estado de alarma en el que estamos inmersos.

Es justo poner en valor el nivel de intermediación que se nos ha proporcionado desde el ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana desde el primer momento. Gracias a él, canalizamos todas las inquietudes, demandas, dudas, a veces miedos, en definitiva, preguntas que desde el sector del transporte de mercancías nos hacemos para conseguir mantener sanos y seguros a nuestros conductores y en marcha a unas empresas cuya actividad diaria es imprescindible. En este sentido, también es honesto reconocer que, en la medida de lo posible, el ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana ha ido haciendo caso a nuestras demandas.

Es un hecho constatable la caída de la demanda de trabajo de una parte muy importante de nuestras empresas, bien porque la actividad de nuestros clientes ha cesado (automoción, por ejemplo), bien porque su consumo se reduce a causa del confinamiento (combustibles) o bien porque se tratan de productos no imprescindibles, cuyo transporte se hace menos necesario en estos días.

Pero muchos seguimos rodando, y para que siga siendo así, es preciso poner en valor a todo el sector. No somos héroes, ni queremos serlo, tan solo deseamos seguir cumpliendo con nuestro deber, que no es otro que el de mantener el suministro que la sociedad reclama en estos momentos de gran dificultad, al tiempo que garantizamos la supervivencia de nuestras empresas y con ello de los puestos de trabajo de nuestros empleados, verdaderos brazos armados de nuestra actividad.

Pero para que todo esto ocurra, necesitamos que se nos escuche y se atiendan nuestras reivindicaciones. Las circunstancias especiales por las que atravesamos han llevado a que algunas empresas se hayan visto obligadas a acogerse a un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE). Lamentablemente, a las empresas de transporte no les están dejando aplicar el concepto de ‘fuerza mayor’, aunque su actividad se haya visto completamente reducida porque nuestros clientes hayan cerrado (a ellos sí que se les permite acogerse a la ‘fuerza mayor’), o porque nuestra actividad sea incompatible con las medidas adoptadas por el Gobierno.

Unido a todos estos problemas, es un clamor la urgente necesidad de equipar a nuestros profesionales de los equipos de protección individual (mascarillas, guantes, gafas, geles, etc.) con los que reducir, de alguna manera, su exposición al contagio durante el desarrollo de su jornada laboral, antes de que podamos quedarnos sin conductores, poniendo en grave peligro la distribución de productos que son absolutamente necesarios para todos.

De las medidas económicas no hablo, porque, desgraciadamente, nada sé, salvo los anuncios, que en eso quedan de momento, sobre avales, líneas ICO, etc. sin las cuales nuestra situación empresarial estará abocada a la paralización, al ser inviable de la continuidad de la actividad empresarial.

Termino diciendo, por si a alguien le quedaba alguna duda, que seguiremos rodando.

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