NoticiasOpinión

Procesos, personas y tecnología

José Luis Morato

8 enero, 2018

Artículo de opinión de José Luis Morato, socio-director de Boreal Supply Consulting

Una empresa tiene hoy poco o nada que ver con otra de hace apenas 25 años y también será diferente a las empresas del futuro. De hecho, muchas de las compañías que son líderes en su sector no existían hace diez años y algunas de las que fueron líderes ya no están o han cambiado su negocio al no saber adaptarse a los cambios.
Las nuevas tecnologías, un mundo global, pero muy especialmente los cambios en los hábitos de los consumidores, son algunos de los factores que están impulsando el cambio en las empresas para adaptarse a los nuevos tiempos. No quiero recrearme en la tecnología que tenemos a nuestra disposición o tendremos, sino en cómo relacionarla en nuestras empresas. Teniendo en cuenta la velocidad a la que los “disruptores” hacen evolucionar el mercado a través de la innovación y aumentan las expectativas de los clientes, las empresas fabricantes y comercializadoras y, por tanto, los proveedores de logística y transporte se están viendo obligados a mejorar la velocidad (lead time), la calidad (procesos) y la agilidad, así como los costes.

En este sentido, podemos observar que hay empresas que están poniendo a disposición de la industria nuevas tecnologías, pero son unas pocas las que las están implementando. Por tanto, la velocidad entre el desarrollo y la implementación no está siendo la misma.
Por otro lado, para mantener o incrementar la competitividad es fundamental salvar la brecha que existe entre el querer y el poder. Las empresas del futuro más inmediato se definirán principalmente por algunas características o atributos esenciales, pero el principal aspecto es la necesidad de atender a los cambios que se están produciendo en el consumidor, que empiezan siempre en una propuesta de valor al cliente adaptada a una necesidad no cubierta en el mercado o una necesidad que el cliente tiene y que no está siendo cubierta adecuadamente y que nace en la escucha activa del cliente y del cliente de mi cliente para detectar de forma ágil los cambios y las necesidades.

Las empresas que busquen esta transformación digital –que podríamos llamar 4.0– deben poner especial foco en la gestión del talento, tanto interno, principalmente en base a una formación adecuada y retenerlo, como externo, en la captación de ese talento a su organización, así como en la implantación de procesos de agilidad estratégica y la capacidad de mejora de la industria para hacer la misma actividad o fabricar el mismo producto u otros innovadores, pero de forma más eficiente y adaptándose a los nuevos canales y especialmente a internet. De esta red se comenta que ha sido la tercera revolución industrial y, por tanto, predecesora de la situación actual y que está transformando tanto la supply chain como las operaciones de la mayor parte de las compañías, bien sean de productos o de servicios.

Además, las empresas están viendo la necesidad de exportar debido a la caída de la demanda interna y, sobre todo, tras haber detectado la oportunidad de millones de potenciales consumidores más allá de nuestras fronteras. Aunque el concepto de internacionalización hacia los mercados exteriores ya es decisivo, en el futuro lo será más. Exportar no supondrá sólo vender, sino adaptarnos a lo que cada país nos requiere sin olvidarnos de invertir en I+D+i revirtiendo el valor en la compañía, ya sea de una manera directa o por medio de alianzas estratégicas con empresas que tienen la tecnología como su core business.

Igualmente, se tendrá que avanzar en la estructura de costes y en la estrategia colaborativa de proyectos, lo que nos lleva a un modelo industrial más colaborativo y que supone romper paradigmas, salirnos de la caja de pensamiento del “siempre se ha hecho así”. El nuevo modelo estratégico de las empresas debe ser capaz de escuchar al cliente y elegir con su equipo dónde focalizar los recursos, siendo requisitos esenciales la visibilidad de la información, así como compartirla en tiempo real para agilizar la toma decisiones y visible con la operativa real, incluyendo tanto la propia estructura como a proveedores y clientes. Las empresas, por tanto, tienen que ver y analizar todas estas particularidades y deben adoptarlas para mantener su actividad, crecer y ser competitivas en un mundo cada vez más global, aunque no están exentas de la superación de algunos retos o barreras, algunos de los cuales no son sólo responsabilidad de las empresas. Sin embargo, no son barreras insalvables y, de hecho, hay compañías que han sabido hacerles frente.

El coste energético es uno de esos hándicaps que afrontan las empresas en España porque el precio de la energía es más elevado en este país que en otros estados, lo que nos resta competitividad. No sólo en la parte de transporte en la que el coste energético es más que significativo, sino también en la empresa fabricante. Hay empresas productoras en las que el coste energético tiene un peso importante en la compañía porque en algunos casos más del 10% del coste de manufacturing se corresponde con la energía, lo que supone uno de los mayores gastos dentro del coste de producción. Por otro lado, las empresas del futuro también deberán afrontar el reto de ganar tamaño. En España, el 92,2% de las sociedades empresariales son pymes, pequeñas empresas con un tamaño que les condiciona y ante el que será preciso hacer fusiones, uniones…

Asimismo, las nuevas tecnologías no cambiarán sólo la forma de interactuar con los clientes, sino los propios productos y procesos productivos, por lo que los procesos se deben analizar, planificar y mejorar pensando en cómo interactúan y se pueden automatizar pasando de la estandarización previa y necesaria de la filosofía lean a procesos totalmente automatizados para evitar el coste de la variabilidad y del desperdicio.
Es aquí donde vemos que una de las claves de las empresas del futuro será la flexibilidad laboral basada en la productividad. No es un problema de coste sino de la productividad que obtenemos de ese coste. Por un lado, valoramos el ROI en la inversión en una máquina, pero no tenemos hábitos de calcular el ROI de la inversión en personas y talento.

La formación de los trabajadores será, por tanto, otro de los pilares clave de las compañías del futuro porque “la evolución, transformación de las compañías y de la tecnología es de tal calibre que se precisa formar a nuestra gente para manejar instalaciones más complejas y automatizadas y que además estén adaptadas a la gestión del cambio, pata importante en todo proceso de mejora. El sistema formativo va bastante por detrás, no sólo desde el punto educativo de la universidad, sino también en formación especializada en los nuevos retos tecnológicos que nos estamos encontrando. Sin duda, hay talento en las empresas, en la universidad y en las escuelas de negocios, pero lo más importante es que existan ganas de conectar y de hacer vasos comunicantes entre las empresas y la oferta formativa.