Los valores y la empresa logística

por María Antonia García Solanas
María Antonia García Solanas

Abogada, socia de Amber Legal & Business Advisors y tesorera de ABE·L

Los valores son la base de la cultura de una empresa y son los que marcan la diferencia respecto a la competencia porque muestran la identidad propia de cada compañía y muestran su compromiso con la sociedad y con sus empleados. En los últimos tiempos las empresas están haciendo un gran esfuerzo por reforzar sus valores y cumplirlos sin excepción. Aunque el modus operandi de las empresas es similar, sean del sector que sean, ¿cómo abordar el tema de los valores en el ámbito de la logística? Como profesional del derecho, percibo que los juristas estamos acostumbrados a tratar con leyes y normas, la mayoría basadas en principios éticos. Algunas de ellas, como la buena fe, el ejercicio no abusivo ni antisocial de los derechos o el justo equilibrio de prestaciones, ordenan expresamente su cumplimiento. Aunque no se cuantifican de forma sencilla en los balances, cuando se vulneran cobran una gran fuerza propia. Es en este momento cuando estos costes de transacción, como pueden ser los daños y perjuicios, las indemnizaciones o los litigios, se convierten en totalmente cuantificables.

La responsabilidad penal de las empresas exige mecanismos específicos de prevención y reacción ante el incumplimiento. Un ejemplo claro de ello es la circular 1/2016 de la Fiscalía General del Estado, en la que se subraya que es preciso “promover una verdadera cultura ética empresarial para cumplir con la legalidad en general y, por supuesto, con la legalidad penal”.

La logística no es ninguna excepción. Los procesos eficientes y las leyes reclaman personas con valores sólidos. De igual manera, el crecimiento económico y la globalización precisan una logística capaz de seguirlos, de mover mercancías de diversas clases, en mayores cantidades y unidades y abarcar más destinos y cada vez más lejanos. En cualquier caso,  la mejor logística impulsa el crecimiento y éste puede acelerar el desarrollo sostenible. Fair tradefair logistics. Por todos es sabido que el cliente es el “rey”, pero en los últimos tiempos ya no es déspota, ya que reclama respeto a las personas de la cadena y al medio ambiente.

La agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU ha entrado con fuerza en la mentalidad de las compañías y esto, junto con un contexto cambiante, ha llevado a las asociaciones del sector a crear códigos de autorregulación para incorporar buenas prácticas en las tareas y decisiones empresariales. Los cambios son sustanciales y ya son fácilmente perceptibles. En la actualidad, las compañías están haciendo una fuerte apuesta por el desarrollo y las prácticas medioambientalmente sostenibles, las mejoras tecnológicas y el cuidado de su capital humano y sus consumidores, así como por apostar por la competencia libre y leal y las relaciones basadas en la confianza y colaboración con clientes, proveedores y trabajadores.

En este contexto, las empresas se ven obligadas a reforzarse, y muchas a ganar tamaño, con estrategias de crecimiento, bien sea de forma orgánica o a través de adquisiciones o integraciones. ¿Y cuál es el camino para conseguirlo? Solo gracias a unos valores éticos.  Ahora, la sociedad ya ve inconcebible lograr resultados a través de las malas prácticas, que en ocasiones pueden ser hasta ilícitas. Si una compañía quiere mantener su posición y generar confianza, no puede basar su estrategia en la competencia abusiva o desleal, la vulneración de derechos y seguridad laborales, el fraude fiscal, las prácticas que no sean sostenibles con el medio ambiente o el maltrato al consumidor. Si alguien cae en este error, los nuevos valores de sociedad le castigarán duramente.

Así, ante una compra de empresa, especialmente en un share deal, pero también en un asset deal, cuando se realiza la revisión, el adquirente identificará fácilmente un posible incumplimiento. Tampoco podrá esconder las prácticas de su equipo directivo, que puede que invierta poco o nada en formación, o consienta, incentive o cometa infracciones. Ante este escenario, el comprador se puede ver “contaminado” por posibles responsabilidades, riesgos jurídicos y patrimoniales y multas. Además, se enfrentaría a posibles sanciones, incluso penales, que  arrastrarían a sus directivos, frustrándose así la operación. ¿Quién en su sano juicio querría arriesgarse a encontrarse en una situación de este calibre?

Privar a la organización de una formación técnica y en valores genera contingencias, y no son pocas.  Empezando por responsabilidades patrimoniales y daños reputacionales, hasta pérdida de confianza de socios, trabajadores, clientes, bancos e inversores. Unas situaciones que, antes o después, acabarán suponiendo su expulsión del mercado.

La cultura del cumplimiento, de la mano de unos principios y valores sólidos, es la base para operar con solvencia en un sector tan dinámico y competitivo como el logístico. Ignorarlos, a la larga ocasiona descarrilamientos y pasa una factura difícilmente salvable. Solo las empresas pueden decidir en qué bando prefieren estar.

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