Los empleos futuros de las renovables marinas

por Francisco García
Francisco García

Presidente de APPA Marina

En 2017, España sufrió una gravísima crisis que redujo sustancialmente la producción hidráulica y, por extensión, la electricidad renovable y su correspondiente porcentaje en la cuota total de consumo de energía. Sin embargo, no se puede decir que ese año fuese malo para el sector en su conjunto. Las subastas que se promovieron para impulsar el desarrollo renovable hicieron que empresas y profesionales volvieran a disfrutar de cierto optimismo sobre el futuro de estas tecnologías. La perspectiva de instalación de los más de 8.800 megavatios subastados fue suficiente para mejorar el entorno inversor de las compañías.

Incluso aunque no se hubieran realizado subastas, que mejoraron en muy poco las condiciones de financiación de los proyectos frente al mercado eléctrico, una planificación hubiera sido suficiente para que el sector renovable nacional, tan necesitado de buenas noticias, se pusiera en marcha. Las empresas que, en España, nos dedicamos a las renovables marinas estamos preparadas para emprender el camino hacia los objetivos marcados para 2030 y 2050 pero, para ello, necesitamos las señales regulatorias adecuadas.

El futuro energético que guarda el mar
La familia de las energías marinas, entre otras, engloba la energía eólica flotante, energía a partir de las olas y energía de las corrientes marinas, que son las que tienen mayor interés en nuestras costas. Aunque hoy el desarrollo de la energía marina aún es incipiente, las perspectivas futuras son muy prometedoras. Solo en la Unión Europea, se prevé que las renovables marinas generen 27.000 empleos en los próximos 15 años y los números mejoran de cara a 2050. La Unión Europea considera que, en 2050, estas energías cuenten en el Viejo Continente con 100 GW instalados que proporcionarán empleo a cerca de 400.000 profesionales. Conductores, marineros, estibadores, expertos en seguridad y logística… Son muchos los empleos que serán creados en las próximas tres décadas gracias al desarrollo de la energía marina. En lo referente al transporte marítimo, se estima que uno de cada cuatro empleos necesarios para la instalación de un parque eólico marino –la tecnología oceánica más testada hasta el momento– corresponden a tripulación de buques. 

Un tren que España no puede perder
Si aspiramos a descarbonizar la economía totalmente, no se entiende que no se tenga en cuenta el enorme potencial del mar, sin el cual será muy difícil lograr el objetivo. La introducción progresiva de las tecnologías en el mix eléctrico requiere visión y planificación en el largo plazo.

Es importante destacar que el tiempo medio de vida de una inversión en el sector energético es superior a 30 años, por lo que las inversiones que se realicen en 2020 ocuparán su espacio hasta 2050, limitando la adopción de nuevas tecnologías que puedan contribuir a un sistema 100% renovable. Y es por este motivo, por el que la introducción progresiva desde el momento actual es tan relevante si queremos que dichas tecnologías puedan contribuir significativamente en las próximas décadas.

La confianza que Europa ha puesto en las renovables marinas debería servir de indicador para nuestro Gobierno. España ha realizado hasta el momento un importante esfuerzo de I+D+i que le posiciona en una situación privilegiada para liderar el sector renovable marino. Los más de 7.000 kilómetros de costa que tenemos, nuestra privilegiada situación geográfica como puerta de Europa, y nuestro actual desarrollo científico, tecnológico o industrial, convierten a nuestro país en un posible líder de estas tecnologías. Más de 3.000 MW al año que se instalarán en Europa y en los que España tiene mucho que decir.

Para no perder este tren tecnológico e industrial, es fundamental que las renovables marinas estén presentes en el futuro Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030. En este plan, España tiene una oportunidad magnífica para establecer las bases de un sector clave de la economía azul. Debemos desarrollar como país una estrategia oceánica con un marco regulatorio y financiero específico para las tres grandes familias tecnológicas: olas, mareas y eólica marina.

Elaborar estrategias específicas y diferenciadas es fundamental para estas tecnologías porque, a diferencia de otros aprovechamientos energéticos, las energías marinas son un amplio conjunto de tecnologías y cada familia tecnológica tiene un grado de desarrollo muy diferente. Mientras en eólica marina ya hay una amplia experiencia en la producción de parques plenamente operativos, en olas, mareas, corrientes o gradiente de temperatura hay diversos grados de desarrollo. En el caso del aprovechamiento de olas, el potencial estimado por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDEA) podría cubrir el 20% del consumo eléctrico de España.

Los aspectos positivos de las energías oceánicas: gran recurso energético, buena predicción, sin impactos ambientales ni visuales considerables; han de contraponerse con aquellos problemas que los profesionales del sector marino conocen bien: condiciones hostiles, fuerza del oleaje y corrosión marina. El aprovechamiento de estas energías no está exento de dificultades y, lo que es más importante para el cálculo de los empleos, requieren de un mantenimiento muy intensivo en personal durante toda la vida útil de las instalaciones.

Los empleos de la Economía Azul
Según recientes estudios de la Agencia Internacional de las Energías Renovables (Irena), el impacto de las renovables marinas en el transporte marítimo y la actividad logística-portuaria será muy importante. Los datos que arroja Irena para un proyecto tipo de eólica marina son muy representativos: la segunda tipología de empleo que más crecerá con estas tecnologías será la tripulación de buques, con un 26% de los nuevos puestos de trabajo asociados a esta actividad. El 8% de los empleos están vinculados a la limpieza y mantenimiento de las instalaciones, que también deberán desarrollarse en el mar, y, del orden del 5%, serán operadores de grúas.

Como puede verse, los nuevos puestos de trabajo asociados a estas tecnologías estarán muy vinculados al sector marítimo, como no podía ser de otra manera. Pero para que España se beneficie de estos empleos y de aquellos asociados al desarrollo industrial, tanto para consumo interno como para exportación, es necesario que establezcamos hoy las bases para el futuro. Estamos ante una oportunidad que no podemos dejar escapar.

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