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Lecciones aprendidas por una startup que cumple diez años

Iván Tintoré Consejero delegado de iContainers

2 mayo, 2018

El escenario más probable para una startup que opera en internet después de 10 años es que esté muerta. Sólo un reducidísimo grupo de proyectos logra traspasar la barrera de corales y convertirse en empresas consolidadas, con capacidad para generar ingresos recurrentes y en proporción creciente.

En el caso de iContainers, transitaria 100% online que ha cumplido diez años de actividad, quizás por el ritmo más lento con que penetra la innovación tecnológica en el sector marítimo, continuamos siendo una startup con un fuerte potencial de crecimiento, que ha conseguido en este tiempo recabar la confianza de más de 7.000 clientes y extender desde Barcelona su presencia a algunos de los principales hubs logístico-portuarios del mundo, como Miami, Rotterdam y, más recientemente, Santo Domingo.

La compañía surgió por el sentimiento de frustración que experimenté junto a mí socio Carlos Hernández cuando en 2005 trabajábamos en una empresa dedicada a la gestión aduanera. Era un viernes, y un cliente nos pidió precio para enviar un contenedor desde Nueva York a Barcelona. El caso es que hicimos múltiples gestiones, todas ellas infructuosas, y fuimos incapaces de cumplir con el encargo de una forma inmediata, tal y como el cliente nos exigía. Perdimos su confianza y tuvimos que resignarnos también a perder el cliente.

A mediados de 2007 creamos la sociedad y arrancamos con una mini maqueta. Sin duda, pesaban más las ganas y la ilusión, porque a los pocos días nos dimos cuenta de que la maqueta se quedaba corta y que necesitábamos una inversión en tecnología mucho mayor de la que habíamos realizado. A nivel de recursos tecnológicos íbamos muy flojos: la mitad de las veces la web no iba y la otra mitad se caía o estaba apagada. Todo tenía su explicación, pero ni yo ni mi socio éramos programadores, así que tuvimos que afrontar desde el principio esta desventaja.

Tener claras nuestras limitaciones nos colocó en la tesitura de tener que contratar a un especialista que nos complementase en este campo. De manera que contratamos a un informático a tiempo completo. De hecho, fue nuestra cuarta contratación, porque la tercera, si obviamos la dedicación a tiempo completo de Carlos y mía, fue un vendedor. Así de entusiasmados estábamos con la posibilidad de monetizar desde el principio el proyecto.

Durante los primeros cinco años el proyecto funcionó con capital propio y el capital aportado por algunos business angels, mientras íbamos subsanando carencias técnicas de la plataforma.

Sin embargo, a finales de 2011 se produce uno de los hitos que imprimirá velocidad al desarrollo del proyecto. En esa fecha se incorpora al capital de iContainers el Grupo Romeu, una de las principales enseñas logísticas de Europa. Su entrada servirá para que arranque su expansión internacional, con la apertura de una oficina en Miami (Estados Unidos). Y tras él, en 2014 se suman al proyecto como socios financieros Kiboventures y Vitamina K.

¿Qué había ocurrido para obtener el espaldarazo de estos inversores? Sencillamente, les hicimos ver que contábamos con una tecnología totalmente disruptiva para un sector que, por el momento, se había quedado rezagado. Les explicamos que con el sector marítimo podría pasar algo parecido a lo ocurrido en el mundo de las agencias de viaje. Se trataba de un mercado muy oscuro, con opacidad de precios, mientras que iContainers ofrecía tarifas al momento y desglosadas de forma transparente. Todo esto lo vieron los inversores, además de comprobar que la plataforma estaba abierta y que no era de cartón piedra. En definitiva, contábamos con un proyecto en internet testado.

La solidez del proyecto, y el hecho de que atesorase para mediados de 2016 unas cifras muy sólidas de actividad y crecimiento resultaron argumentos definitivos para que el fondo francés Serena Partners realizase hace año y medio una inversión de seis millones de euros, que nos ha servido hasta el momento para imprimir rapidez a nuestra expansión internacional y al desarrollo tecnológico de nuestra plataforma.

Lecciones aprendidas
Crear desde cero una empresa dentro de un entorno tan innovador como internet es una prueba llena de obstáculos que se van salvando con grandes dosis de ilusión y sacrificio, porque, en realidad, el único método que puede emplearse es el de prueba-error.

De haber contado con una bola de cristal, habríamos optado por abrir la oficina en Estados Unidos más tarde y seguro que hubiéramos aprendido antes la lección de lo importante que es contar con equipos perfectamente alineados en cultura, valores y objetivos.

Después de estos años, la siembra empieza a dar sus frutos. Actualmente, estamos en torno a las 200.000 visitas al mes, y hemos conseguido automatizar una gran parte de los procesos detrás de la cadena de transporte marítimo internacional, lo cual hace unos años hubiera sido simplemente impensable. Con la lección aprendida tras los obstáculos que hemos debido ir sorteando, la principal clave para ir alcanzando metas es la ilusión, una ilusión rocosa y a prueba de cualquier frustración.

Siempre hago una broma, y es que nosotros somos una historia de fracaso constante, pero nos vamos levantando torta tras torta hasta que damos con la tecla mágica que convierte lo que hacemos en un éxito. Soy de la opinión de que los emprendedores deben perseguir sus ideas, hacer realidad sus sueños cueste lo que cueste. Si alguien tiene una idea clara, hay que ir por ella, sin ninguna duda. Al fin y al cabo, un emprendedor siempre está a tiempo de irse a trabajar a donde quiera, a una gran empresa súper estructurada, lo que no suele ser tan fácil para quien quiere hacer el camino inverso.

Y también es fundamental, como ya he comentado, rodearse de las personas adecuadas. Rodearse de gente buena, aunque parezca lo más trivial, es lo más difícil, pero lo más importante. Eso lo aprendes a base de equivocarte. ¿Acaso Messi juega solo? Pues esto es lo mismo: hay que formar equipos, y nosotros estamos donde estamos porque tenemos un gran equipo detrás pedaleando todo el día.

¿Ha habido en estos diez años algún hecho o acontecimiento en el sector del transporte marítimo que haya afectado de manera especial a iContainers? Destacaría las experiencias vividas por la compañía en los Estados Unidos. En este sentido, me han impactado las huelgas de los estibadores, que lo paraban todo, al igual que los fenómenos climáticos en el norte del país hace tres años. Nevada tras nevada, el comercio se detenía en seco. Después de eso aprendimos, por ejemplo, que Estados Unidos no es un país, sino todo un continente.

La historia de iContainers ha sido, nunca mejor dicho, una lucha contra vientos y mareas, y el resultado es una compañía cargada de experiencias que se propone seguir derribando barreras para que las empresas, con independencia de cuál sea su tamaño, puedan gestionar de forma instantánea y transparente el envío de sus mercancías por mar a cualquier lugar del planeta.