La movilidad en el tiempo

por José María Pérez Revenga
José María Pérez Revenga

Presidente de la Asociación Española de Transporte (AET)

Desde que el mundo es mundo, existe el concepto de movilidad como aquella cualidad según la cual los entes existentes (seres humanos y animales) gozan de libertad de movimiento para desplazarse de un lugar a otro. Ahora bien, es importante destacar que este concepto implica también la capacidad de elección para escoger entre diversas formas u opciones de llevar a cabo estos traslados.

Si bien la acción de movilidad es tan antigua como el propio ser humano, iniciándose con el sencillo desplazamiento a pie de un lugar a otro, esta capacidad ha ido evolucionando y sofisticándose a lo largo de la historia. Desde el momento en el que las personas comenzaron a utilizar determinados útiles o inventos que facilitasen su propio traslado o el de objetos (mercancías) hasta nuestros días, la movilidad no ha cesado de desarrollarse y avanzar. Con el incremento de las distancias por recorrer aparecieron consecuentemente diversos modos de transporte, como son el terrestre, el marítimo (o fluvial) y el aéreo, siendo los dos primeros los pioneros.

“La contaminación el aire y la lógica preocupación por los efectos tan adversos del cambio climático, que ya estamos padeciendo, están siendo factores decisivos en el diseño, la planificación y la ejecución de las ordenanzas urbanas de movilidad”

Entre estos modos, en la presente reflexión analizaremos con mayor detalle el transporte terrestre, en sus medios carretero y ferroviario. El motivo de esta concreción no será otro que el de la celebración de la Semana Europea de la Movilidad, que protagoniza la actualidad de esta semana, ya que la presente convocatoria concede una lógica y trascendental importancia a la sostenibilidad en el transporte.

Retomando el panorámico análisis de la evolución histórica de la movilidad, cabe detenernos brevemente en el hito de la aparición de las revoluciones industriales. Cada uno de estos momentos conllevó un consecuente avance tecnológico general de tal calado que, como otros, el sector del transporte experimentó una transformación integral. De este modo, en resumidas cuentas, las industrias fueron creciendo también para facilitar la movilidad de los miembros de la sociedad.

Aparecen medios mecanizados como el ferrocarril, el automóvil, el autobús o el tranvía, que permiten desplazamientos más llevaderos y rápidos, sobre todo para afrontar largas distancias y los trayectos en territorios con una orografía complicada.
Como bien es sabido por todos, cada una de estas revoluciones industriales ha conllevado un aumento de la demanda de transporte, la cual ha desencadenado considerables incrementos de la contaminación del aire (entre otras) y, por tanto, un deterioro creciente de la calidad del aire que todos respiramos.

Como respuesta a esta grave problemática, la Semana Europea de la Movilidad de este año trata de sensibilizarnos especialmente acerca de sus peligrosas consecuencias sobre la salud pública y el medio ambiente. Como ya estamos experimentando en varias ciudades españolas, la regulación de las emisiones de gases contaminantes (en especial del dióxido de carbono y del nitrógeno) mediante la ordenación del tráfico o la aparición de nuevas formas de transporte más “limpias”, son algunas de las medidas e iniciativas con las que ya se trata de hacer frente a esta cuestión.

La contaminación el aire (sobre todo en las ciudades) y la lógica preocupación por los efectos tan adversos del cambio climático que ya estamos padeciendo, están siendo factores decisivos en el diseño, la planificación y la ejecución de las ordenanzas urbanas de movilidad. En este contexto, gana protagonismo la promoción de medios de transporte público menos contaminantes (metro, cercanías y tranvía), los vehículos híbridos o eléctricos, las bicicletas y los patinetes… Además de reservar determinadas zonas de las ciudades para el uso exclusivo peatonal.

Si bien este tipo de medidas y alternativas están orientadas a garantizar una movilidad sostenible, libre y accesible a la ciudadanía, debemos de ser conscientes de que no todas las personas pueden asumir estos modos de transporte. Las posibles deficiencias del sistema de infraestructuras que ha de garantizar el correcto funcionamiento de estos modos de movilidad, las propias características orográficas de cada ciudad o la limitación que pueda sufrir cada persona debido a su condiciones particulares (por ejemplo, las personas con movilidad reducida), son los principales factores que pueden impedir que esta movilidad sea tan libre y sostenible como debiera. Pese a que, en términos generales, se ha mejorado mucho en el servicio público de transporte y movilidad, es importante reconocer que aún queda mucho por hacer y seguir trabajando por ello.

En esta Semana Europea de la Movilidad debemos recordar que la movilidad es un bien de libertad que tenemos todas las personas por el mero hecho de serlo. Para poder disfrutarla como tal, es necesario seguir trabajando por el desarrollo y la consolidación de los medios más idóneos para cada caso, territorio y personas, garantizando siempre su sostenibilidad y su planificación inteligente.

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