La inestabilidad de la economía china genera incertidumbre en la cadena logística global

por El Vigía

La inestabilidad de la economía china ha sembrado numerosas dudas acerca del futuro de la cadena logística entre Europa y Asia. Los posibles efectos de la caída de las bolsas del país o la devaluación de un 4,6% del yuan el pasado mes de agosto representan un reto para las empresas que producen en el gigante asiático. Estos factores, sumados a los últimos datos macroeconómicos o la inseguridad industrial, que han puesto en evidencia las explosiones en el puerto de Tianjin, ponen en entredicho el actual modelo comercial y las rutas de suministro. Por un lado, existe el riesgo de que se acentúe la desaceleración de los flujos comerciales entre Asia y Europa. Por otro, la deslocalización de la producción desde China hacia países del Sudeste Asiático o bien su relocalización en Europa son escenarios que cobran peso tras los últimos vaivenes de la economía china.
Según sostiene la investigadora de la China Europe International Business School (CEIBS) Cristina Castillo, la devaluación del yuan no tendrá una fuerte repercusión en el comercio con Europa a corto plazo. Castillo considera que todavía existe cierta inseguridad sobre cuáles serán las próximas devaluaciones, si es que éstas se producen. Por ello, defiende que las compañías todavía no están acometiendo cambios importantes en sus planes estratégicos.
LA BOLSA DE SHANGHÁI CIERRA CON UNA FUERTE SUBIDA DE UN 4,82 %En cambio, el profesor de ESADE Jaume Giné sostiene que las exportaciones de China se mantendrán estables, dado que ahora han ganado competitividad con la devaluación de la moneda. En la misma línea se ha pronunciado el investigador del Real Instituto Elcano Miguel Otero Iglesias, quien opina incluso que podría llegar a notarse una leve mejoría, aunque señala que las importaciones podrían disminuir como consecuencia de una contracción del consumo interior, después de que las fuertes caídas en los parqués hayan minado la confianza en el mercado.
“China está en un momento de cambio de modelo en el que hay muchos baches”, defiende el responsable del departamento de Economía i Empresa de Casa Asia y profesor de la Universidad Pompeu Fabra, Guillermo Martínez Taberner. “Para hacerles frente, hay que tomar medidas, como la devaluación del yuan”, añade. Según el experto, la volatilidad de la renta variable en China durante el mes de agosto responde a una sobrerreacción de los mercados a la devaluación de la moneda. “Todo el mundo ha entendido que esto es una consecuencia de que China está en crisis, cuando no lo está, sino que se encuentra en un proceso de reajuste”, ha sentenciado.
Las exportaciones y las inversiones siguen siendo pilares fundamentales del modelo de crecimiento del país. Precisamente, Giné afirma que, con la devaluación de la moneda, China enviaba el mensaje de que también ella pasa dificultades para mantener esta fórmula. Aun así, ya en noviembre de 2013, el comité central del Partido Comunista Chino puso en marcha un plan de reformas para hacerla menos dependiente de estos elementos y redirigir la economía hacia el consumo interno.
Uno de los principales interrogantes que plantean los recientes acontecimientos es si China perderá el título de la “fábrica del mundo” en el medio o largo plazo. “Las recientes devaluaciones del yuan harán dudar a las empresas que estuviesen planteándose posibles relocalizaciones”, asegura Castillo. “En el caso hipotético de que el yuan volviese a encarecerse respecto al euro, sería previsible una transferencia de la producción hacia Europa, que, probablemente, sólo afectaría a algunos sectores específicos”, ha añadido.
Sin embargo, es difícilmente creíble un movimiento a gran escala, según defiende la investigadora. “La mayoría de industrias tienen su cadena de suministro totalmente desarrollada en China. Las fábricas que quisiesen relocalizarse en Europa se toparían con que la falta de proveedores cercanos les dispararía los costes logísticos y les complicaría bastante la gestión de la cadena”.
Por su parte, Otero argumenta que ni siquiera con la subida de los salarios en China se va a producir una relocalización de la producción. Esto se debe a que Europa depende mucho de la energía exterior, además de que “la mayoría de empresas todavía tienen grandes esperanzas depositadas en el mercado chino”.
Martínez Taberner también rechaza la posibilidad de una relocalización de la industria muy masiva. Para que esto pudiera producirse, ni que fuese parcialmente, se necesitaría la irrupción de nueva tecnología que hiciese innecesario producir en China, por ejemplo las impresoras 3D, muy ajustadas a la demanda, asegura el experto. En cambio, está convencido de que sí va a producirse una deslocalización hacia el Sudeste Asiático, donde los costes laborales son menores.
“Creo más en ello porque el epicentro del crecimiento mundial sigue estando en Asia”, indica. En este sentido, la implantación de empresas en esta región puede facilitar la entrada a un mercado de mucho interés, al tiempo que se mantiene una gran proximidad con China. De este modo, los costes de transporte siguen siendo relativamente bajos, por lo que no se pierde la posibilidad de aprovechar este mercado. En cambio, Giné considera que el proceso de relocalización empezó hace años. “Fabricar en China se justifica si se quiere abordar el mercado interior chino, pero no tiene tanto sentido si se trata de producir para la exportación al resto del mundo”.

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