La Eurocámara rechaza devolver el paquete de movilidad a la Comisión

por El Vigía

El Comité de Transportes del Parlamento Europeo ha rechazado este jueves una propuesta para devolver el paquete de movilidad a la Comisión Europea y volver a comenzar de cero los expedientes que afectan a los tres aspectos clave de la reforma del transporte por carretera en la UE: el desplazamiento de trabajadores, el acceso a la profesión y los tiempos de conducción y descanso. Por 30 votos a favor y 19 en contra, la Eurocámara, reunida en sesión extraordinaria, ha dado por bueno el trabajo realizado sobre estas normas a lo largo de la pasada legislatura, que echó el cierre con un visto bueno in extremis en un convulso pleno celebrado a principios del pasado mes de abril.

Los europarlamentarios decidirán la semana que viene si se aprueba el mandato negociador y se inician los trílogos con la Comisión y el Consejo para continuar con la tramitación del paquete. A priori, los debates a tres entre las instituciones comunitarias no se antojan fáciles, porque las posiciones siguen distantes. El paquete de movilidad vio la luz en mayo de 2017 de la mano de la todavía comisaria de Transportes, la eslovena Violeta Bulc, que en las próximas semanas cederá el testigo a la rumana Rovana Plumb.

UN EXPEDIENTE MUY COMPLEJO

Fuentes comunitarias atribuyen la complicación de este expediente a tres razones de peso. En primer lugar, hay diferencias dentro del propio sector que afectan a todos los Estados de la UE: la posición de las pequeñas y las grandes empresas de transporte es completamente diferente y la composición del sector por países también. En segundo lugar, diferencias de carácter regional. Las condiciones sociolaborales producen distorsiones entre los países del Este y los periféricos, entre ellos España, que hace que tengan una visión completamente distinta a los de la Europa central. De hecho, nueve de estos, encabezados por Alemania y Francia, lanzaron en 2017 la denominada Alianza por la Carretera para aplicar criterios homogéneos en temas críticos como el cabotaje o el régimen de los trabajadores desplazados.

Finalmente, la necesidad de adaptar el sector al reto de la digitalización. El transporte por carretera va muy retrasado en la aplicación de nuevas tecnologías. Y hay cuestiones, como la conducción autónoma o la puesta en marcha de un sistema integrado de movilidad, que obligan a acelerar ese proceso. Esta transformación va a producir cambios en el tipo de empleo más que en la cantidad de empleo y también en las flotas y la cultura corporativa del sector.

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