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La energía offshore encalla en España por la compleja orografía y la falta de incentivos

Xavier Gual

5 abril, 2017

La costa española no dispone de un solo megavatio instalado de los 750 previstos para 2020

Die Ampelmann-Brücke im Einsatz / The Ampelmann bridge in use

Pese a sus 7.900 kilómetros de costa, España no dispone de un solo aerogenerador en el mar, mientras las empresas españolas diseñan, construyen y operan potentes parques eólicos en los mares del Norte de Europa /Siemens

 

España es uno de los países europeos con más kilómetros de costa y, pese al parón de los últimos años por el fin de las ayudas públicas, presume de estar en el pelotón de cabeza de las energías renovables en el mundo. Sin embargo, las costas españolas no disponen de un solo aerogenerador, siendo la eólica marina la auténtica cenicienta de la próspera industria de las energías limpias. Portugal, con menos costa (apenas 1.800 kilómetros frente a 7.900 de España), se convertirá, en el segundo trimestre de 2018, cuando entre en funcionamiento el parque de Viana do Castelo, en el líder ibérico de este recurso, tan inagotable como tecnológicamente complejo. El proyecto, que promueve la norteamericana Principle Power, en un consorcio en el que participa también Repsol, se ubica a tan sólo 60 kilómetros de la costa gallega.

Según el Plan de Energías Renovables 2011-2020 elaborado al inicio de la década por el ministerio de Energía, España debería contar ya en 2015 con una potencia de energía eólica marina (conocida también como offshore) de 22 MW, y de 750 MW dentro de tres años. Los más optimistas llegaron a hablar incluso de 4.000 MW. Sin embargo, a día de hoy no hay un solo megavatio instalado ni un proyecto en el horizonte. La Asociación Empresarial Eólica (AEE) estima en unos seis años el tiempo necesario para activar un parque eólico marino, entre los estudios preliminares, la reserva de zona, las autorizaciones administrativas, la construcción y la puesta en marcha, por lo que no resulta difícil augurar que la previsión de cara a 2020 tampoco se cumplirá.

“Nuestra plataforma continental es muy profunda en la mayor parte del litoral, son escasas las zonas en las que a una distancia razonable de la costa la profundidad es la idónea para la instalación de las plataformas de los aerogeneradores, al contrario de lo que sucede, por ejemplo, en el mar del Norte”, argumenta el patrono de la Fundación Renovables, Sergio de Otto. Así, las circunstancias orográfica explican, en parte, la enorme diferencia entre el despliegue de la energía offshore en España y la de países como Reino Unido, con más de 5.000 MW instalados; Alemania, con más de 4.000; o Dinamarca, con 1.200. Sus costas son idóneas para la instalación de aerogeneradores, que precisan de una profundidad no superior a 40 metros. Pero no es la única causa. “Ver cómo las tecnologías ya maduras como la eólica en tierra o la fotovoltaica, por ejemplo, reciben un varapalo normativo tras otro como ha sucedido en España en los últimos años no es el mejor estímulo para que las empresas inviertan en estos proyectos o en I+D para las plataformas flotantes”, puntualiza de Otto.

Desde Wind Europe, la organización con sede en Bruselas que agrupa a la industria eólica europea, inciden en ambas cuestiones, pero añaden una tercera: la falta de interconexiones de alta capacidad entre ambos lados de los Pirineos. “España se enfrenta a dos grandes retos, el marco jurídico, que no es muy favorable a las energías renovables en general, y al viento en alta mar en particular; y la falta de atractivo para los operadores del resto de Europa por la obstrucción que supone en sí misma la península ibérica”, explica su portavoz Benjamin Wilhelm. “Más interconexiones mejorarían la situación y harían que España se beneficiara de la cadena de suministro existente en Europa”, puntualiza Wilhelm.

Olas frente al viento
En cualquier caso, desde la Asociación de Productores de Energías Renovables, el presidente de la sección marina, Francisco García Lorenzo, afirma que la energía offshore “no puede ser la gran ausente de las renovables en España” y apunta hasta diez razones que la avalan. Entre ellas, destaca los centros de investigación “únicos en el mundo”, como Plocan, Bimep, Ccob IH Cantabria o Cehipar, con “muy buenos investigadores y personal científico y una industria auxiliar altamente competitiva” a nivel global. Estos proyectos se enmarcan en otra tipología de energía marina, la que proporciona el movimiento del mar a través de las olas y las mareas. En este sentido, la cornisa cantábrica se ha convertido en los últimos años en un banco de pruebas donde se ensayan ingenios capaces de convertir la energía cinegética marina en electricidad. El caso de Bimep (Biscay Marine Energy Platform) en Bilbao es, tal vez, el más potente. El proyecto que impulsa el Gobierno vasco, situado frente al puerto de Armintza, en Lemoiz, e inaugurado por el lehendakari, Íñigo Urkullu, en julio de 2015, pretende convertir Euskadi en un referente mundial en energía marina. El primer dispositivo captador de olas, de 42 metros de longitud, cinco metros de diámetro y 80 toneladas de peso, construido en la planta de Navacel en Erandio con tecnología desarrollada por la empresa vasca Oceantec (creada por Tecnalia e Iberdrola), se instaló en octubre de 2016 y aún se encuentra en fase experimental. Por otro lado, Bimep solicitó en febrero la autorización administrativa preceptiva para instalar hasta cuatro aerogeneradores, mediante cuatro amarres flotantes con captadores, cada uno de ellos con una potencia unitaria de 5 MW, anclados al fondo marino.

En todo caso, este año se celebrará una subasta de hasta 3.000 MW de renovables donde se podrían presentar proyectos offshore, ya que, según fuentes del ministerio de Energía, “la subasta será neutra y no beneficiará a ninguna tecnología porque se valorará la eficiencia de cada proyecto”.

España exporta tecnología punta para los parques marinos de media Europa

La ausencia de energía offshore en España contrasta con el desarrollo tecnológico alcanzado por las empresas españolas, cuyos ingenieros contribuyen a la contrucción y puesta en marcha de los parques eólicos más potentes del Norte de Europa. Iberdrola, Navantia, Gamesa, Repsol o Acciona son algunas de las firmas con nombre propio más reconocidas en el sector. Iberdrola, por ejemplo, marcó un hito en 2014 al convertirse en la primera empresa española en proyectar y poner en marcha un parque eólico, el de West of Duddon Sands (WoDS), en Reino Unido. Iberdrola ha desarrollado este proyecto a través de su filial británica ScottishPower Renewables y en consorcio con la danesa Dong, invirtiendo entre ambas más de 1.800 millones de euros. WoDS dispone de una potencia de 389 MW, suficiente para cubrir la demanda de 300.000 hogares. La energía producida se recoge en una subestación marina, especialmente diseñada para resistir las duras condiciones climatológicas de la zona. En ella se eleva el voltaje y mediante dos cables submarinos se transporta hasta la subestación en tierra de Heysham, punto de conexión a la red del país. La energética española participa en otro proyecto británico, el East Anglia One, el que será el parque marino más grande del mundo, con 714 MW de potencia, y una inversión de 3.000 millones de euros; y otro en aguas alemanas del Báltico, el Wikinger, con una inversión de 1.400 millones. Además, impulsa en aguas de la Bretaña francesa el parque de Sant Brieuc, de 496 MW, que contará con 62 aerogeneradores de última generación, de 8 MW de potencia cada uno, con sello español, ya que han sido encargados a Adwen, propiedad de Gamesa. Además, Iberdrola se adjudicó en marzo hasta 1.500 MW de capacidad eólica marina en EEUU, en una zona situada frente a las costas de Carolina del Norte.
Otro caso ejemplar es el de Navantia, que fabrica en el astillero de Fene, en Ferrol, 29 jackets y 116 piles, así como una subestación eléctrica, para el parque Wikinger. Además, una UTE formada por Navantia-Windar está construyendo cinco subestructuras flotantes tipo spar (un casco cilíndrico sumergido en casi toda su longitud con un tanque hueco que proporciona empuje vertical hacia arriba y un tanque de lastre que contrarresta este empuje) para el parque eólico piloto en la costa este de Escocia, adjudicado a un empresa subsidiaria de Statoil ASA denominada Hywind (Scotland) Ltd. El proyecto Hywind es especialmente relevante porque supone la primera pre-serie comercial de eólica marina flotante a nivel. El parque está previsto que se ponga en marcha a lo largo de este 2017 y será el comienzo de una serie más larga de artefactos (posiblemente entre 40-60), a contratar este año, y con entrada en operación en el horizonte del año 2020. La importancia del proyecto radica en que, al ser flotante, podría ser implementado en mares profundos, como el Mediterráneo.

Doble alianza hispanoalemana
La absorción de Gamesa por Siemens, certificada por ambas compañías hace unos días, tras el visto bueno de la Comión Europea, ha dado lugar a un gigante de la industria eólica mundial. El nuevo líder global de la fabricación de turbinas superará a la danesa Vestas, suma una cartera de pedidos de más de 20.000 millones de euros y unos ingresos anuales de 11.000 millones. Por otro lado, la integración de Acciona Windpower en Nordex crea otro gigante del sector, con la española como principal accionista de la compañía, con el 30% de las acciones.