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La culpa grave del transportista no existe en la legislación y crea inseguridad jurídica

El Vigía

27 febrero, 2018

Los expertos cuestionan el proceder de la justicia española en materia de seguros

La culpa grave del transportista no existe en la legislación española de transporte de mercancías por carretera, pero es aplicada por tribunales y aseguradoras. Así se han posicionado diferentes expertos convocados por la Fundación Corell, en colaboración con la correduría de seguros Artai durante la jornada Seguros y Transporte: incidencia de la culpabilidad del transportista sobre su indemnización y la del seguro, donde se han abordado aspectos relacionados con esta temática, como los recogidos en la legislación vigente frente al criterio de los tribunales al emitir sentencias y de las aseguradoras al interpretar el contenido de sus pólizas.

Para el presidente del grupo Seguro de Transporte en la Asociación Internacional de Derecho de Seguros (Seaida), Francisco Sánchez-Gamborino, las actuaciones dolosas habitualmente tienen que ver con incumplimientos de instrucciones del cargador, la no utilización de parkings vigilados (si existen), la falta de confidencialidad sobre el valor de la carga o dejar el vehículo sin vigilancia en horarios o zonas inadecuadas, entre otros. Ahora bien, Sánchez-Gamborino distingue entre el marco legal del contrato de seguro de transporte terrestre (basado en la ley 50/1980) del marco legal del contrato de transporte (basado en la ley 15/2009 para transporte nacional, y el Convenio CMR de 1956, para el internacional).

El dolo es un elemento común a ambos tipos de contrato, impidiendo al transportista aplicar el límite máximo de indemnización y exonerando al asegurador de su obligación de indemnizar. El transportista responde de la pérdida o desaparición de la mercancía, de los deterioros que provocan una pérdida de valor de la misma y del retraso en las entregas. “La culpa del transportista se presume y no hay que demostrarla; es el propio transportista el que debe demostrar que existe una causa que le exonere de la responsabilidad, debiendo indemnizar, si no consigue probarla”, afirma Sánchez-Gamborino.

Sin embargo, existen sentencias españolas en las que se habla de culpa equiparable al dolo o de culpa grave, “concepto que no está recogido en la legislación y que crea inseguridad jurídica”, añade. Como regla general, se aplica el límite máximo de indemnización, excepto en el caso en el que la conducta del conductor sea calificada como dolosa. En el caso de la legislación de otros países europeos, aunque el concepto de culpa grave sólo existe en Italia. En países como Alemania, Austria, Francia, y Suiza, entre otros, las medidas de los tribunales también suelen ser severas en este sentido.

En el caso de pérdidas o daños, el transportista debe indemnizar con 10 euros por kilo (en transporte internacional) y de 6 euros por kilo (en el nacional). En el caso de retraso, la cuantía sería equivalente al precio del transporte. Sin embargo, los límites de indemnización no se aplican si el transportista incurrió en dolo (debería pagar el importe de la carga completa), es decir, que la culpa se presume; se presupone que no hay una actuación con mala fe y en el caso del dolo hay que demostrar la intencionalidad.

Desde el punto de vista de las compañías aseguradoras, el dolo nunca es asegurable, mientras que la culpa sí y, en algunos casos, hay compañías que aseguran la culpa grave.