La carretera lleva al límite el pulso con los cargadores

por El Vigía

La carretera se prepara para un invierno caliente. La presión que ejercen los cargadores sobre los transportistas parece haber llegado al límite de lo políticamente tolerable. La imposibilidad de trasladar a las facturas de sus clientes unos sobrecostes que crecen como la espuma está llevando al sector a un callejón sin salida, en el que las empresas no pueden seguir soportando unos números instalados en el rojo desde hace ya demasiado tiempo. Así las cosas, la protesta se antoja como la única salida posible, pese al poco entusiasmo que genera entre el colectivo.

El reciente fiasco de las movilizaciones del pasado mes de enero, motivadas por la implantación del peaje al transporte pesado en la N-1 y la A-15, pesa mucho en las conciencias de las principales organizaciones. El varapalo guipuzcano dejó en evidencia como nunca la división del sector, sin la más mínima unidad de acción e incapaz de articular una estrategia conjunta con unos objetivos claros y compartidos.

Por otro lado, el cambio de Gobierno ha dado alas a un cambio de discurso del asociacionismo, el más estrechamente vinculado a las posiciones de la gran patronal, que pide mayor contundencia a la hora de plantear y negociar los problemas que les enfrentan a los cargadores y a la gran distribución, con la Administración como convidada de piedra. La última vez que la gran patronal llamó a parar la actividad fue en 2014, ante la negativa del ministerio de Hacienda a devolver el denominado céntimo sanitario. En aquella ocasión, el paro no llegó a producirse porque el Gobierno dio marcha atrás.

EL CONGRESO DE ÁVILA

El escaso entusiasmo que la idea de parar los camiones suscita en las empresas pudo verse en el reciente Congreso de Empresarios del Transporte de CETM (Confederación Española de Transporte de Mercancías), celebrado a principios de octubre en Ávila. El llamamiento a poner día y hora a las movilizaciones, realizado por el presidente Ovidio de la Roza en un emotivo discurso de clausura, apenas suscitó muestras de apoyo entre el auditorio. “Han desaparecido empresas y vehículos, las presiones de nuestros clientes se han vuelto insoportables, y a esto se suman los desvíos obligatorios a las autopistas de peaje y el incremento de la fiscalidad, lo que nos lleva a una posición insostenible, en la que muchas más empresas tendrán que cerrar”, advirtió De la Roza. El sector calcula que los precios deberían subir al menos un 15% para compensar el aumento de los costes.

ovidio la roza

El balón colgado en el tejado de las asociaciones del sector por el dirigente asturiano, visiblemente molesto por la ausencia del ministro José Luis Ábalos (muestra del estado de las relaciones entre el Gobierno de Pedro Sánchez y la patronal del transporte), ha llegado al Comité Nacional del Transporte por Carretera, que se ha dado un mes para evaluar la idoneidad de una protesta unitaria del sector. “Creo que en las circunstancias actuales Froet apoyaría cualquier acción de protesta. Son multitud de problemas y dificultades por las que está atravesando el sector sin que se aborden soluciones”, asegura el secretario general de la federación murciana, Manuel Pérezcarro, quien cita una larga lista de agravios, desde la competencia desleal de las empresas buzón, las falsas cooperativas, el incumplimiento de los plazos de pago, o los tender, a las trabas al transporte internacional, la falta de conductores o el desvío obligatorio a las autopistas de peaje.

“El hartazgo ha llegado al límite, pues además de todas estas dificultades, la rentabilidad de las empresas, salvo escasísimas excepciones, es nula. Podemos decir que la situación es desesperada y ante situaciones desesperadas son previsibles reacciones contundentes”, añade Pérezcarro, una de las voces más claras de la patronal de la carretera. La vasca Asetravi también ve razones más que suficientes para aparcar los camiones. “Estamos dispuestos a defender los intereses de nuestros asociados y, si esto no puede ser de otra manera, claro que apoyaríamos un paro general del transporte. Parece que la única manera de que te escuchen es mediante medidas drásticas y, aunque nunca una empresa quiere llegar a eso, a veces no nos dejan otra salida”, argumenta su presidenta, Sonia García.

Desde Catalunya, donde los transportistas mantienen vivas las movilizaciones contra el desvío obligatorio de camiones en la N-340 y la N-240, también se muestran proclives al paro. “Nuestra organización nunca ha estado muy predispuesta a parar y manifestarse. No obstante, si de forma conjunta las organizaciones a las que está federada así lo acuerdan, secundarán el paro, como ha hecho en otras ocasiones. La única forma de que las administraciones tengan en cuenta al sector del transporte es, por desgracia, y  así ha sucedido en otras ocasiones, cuando el sector se ha movilizado conjuntamente en una unidad de actuación y fijando unas demandas comunes”, esgrime el secretario general de Transcalit, Eugeni Mañes.

Otras patronales del sector, como Astic, no esconden su escaso apego a la movilización.   “Nosotros hemos sido históricamente contrarios a paralizar nuestros vehículos como medida de presión, con la última excepción, en casi una década, si no me falla la memoria, del asunto del céntimo sanitario”, razona su director general, Ramón Valdivia, quien en todo caso deja claro que una decisión de este tipo está en manos de la asamblea general de la organización o, en su defecto, la junta de gobierno, o el comité ejecutivo de presidencia, una vez cuenten con la información necesaria”, puntualiza. Desde Fenadismer, tampoco tienen muy claro exactamente qué se está proponiendo desde CETM, aunque entiendan y compartan las razones de fondo que pesan sobre el sector. “No hay un sentimiento mayoritario entre nuestras organizaciones de llevar a cabo una movilización mientras no se nos concrete contra quién se dirigirían y qué peticiones se reivindican, lo que CETM no nos ha concretado”, aclara su secretario general, Juan José Gil.

LLAMADA A LA RESPONSABILIDAD

El pulso que mantienen con los cargadores por las 44 toneladas, tras casi tres años de negociaciones, es una de las cuestiones que más ampollas levanta en el transporte.  “Un paro concebido como herramienta de presión hacia los cargadores, con la excusa de que la rentabilidad de las empresas se resiente al aumentar los costes pero no los precios, no podría funcionar porque nunca una huelga ha conseguido modificar las relaciones entre los agentes económicos en un mercado libre”, se defiende la secretaria general de Aeutransmer, Nuria Lacaci. La representante de los cargadores entiende que sería una “irresponsabilidad” convocar un paro en el transporte de mercancías “en el momento actual, en el que se está produciendo una desaceleración de la economía, y en unas fechas como las que se aproximan, que constituyen la temporada alta y de mayor facturación para muchos sectores de nuestro país, incluido el transporte”.

Para Jordi Espín, gerente de Transprime, el impacto de un paro del transporte “sin duda afectaría a la cadena de suministro de los sectores productivos, con efectos severos, graves e irrecuperables para toda la economía. Sin olvidar, que tampoco contribuiría al diálogo que se reclama. En la coyuntura actual, es importante apostar por el diálogo activo”. Espín insiste en que los cargadores están abiertos a encontrar “vías de diálogo que cristalicen en la firma del documento ya consensuado con los transportistas a lo largo de dos años, resumido en 14 puntos de mejora directa del transporte. Estamos a la espera desde 2017 para firmarlo y defenderlo conjunta y coordinadamente”.

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