La carrera por el gigantismo obliga a crecer a los puertos

por Araceli Muñoz

“Nosotros ya estamos preparados para lo que viene”. Así se expresaron los directivos de APM Terminals Algeciras a principios de 2013, cuando anunciaron el proyecto Algeciras 2014, una inversión de 42 millones de euros pionera para adaptar sus instalaciones a una nueva generación de gigantes del mar con 18.000 teus de capacidad, que se estaba construyendo en Corea, la clase Triple-E. El primero de ellos, el Maersk McKinney Möller, hizo su escala inaugural en el puerto del sur de España pocos meses después, en noviembre, “cargado de regalos de Navidad y de fuegos artificiales para Año Nuevo”, según su capitán. Desde entonces y hasta hoy, más de 600 megaships (los últimos, de 23.000 teus) han recalado en las terminales de contenedores de una infraestructura que continúa prestando servicio, a la vez que adaptándose, a una industria que no deja de hacer crecer sus buques.

Porque el contenedor de Malcolm McLean cambió el mundo en los años 50. Y aún hoy ese cajón estandarizado de 20 pies lo sigue haciendo, alargando, reforzando y profundizando los muelles según el tamaño de las naves que los transportan. Desde aquel primer Ideal X que cargó 58 camiones, hasta el MSC Gülsün ha llovido bastante.

 

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