Innovar para afrontar los retos de la última milla

por Jordi Costa
Jordi Costa

Consejero delegado de Sternaliza

Leía hace unos meses en esta publicación sobre la presentación del Libro Blanco de la Distribución Urbana de Mercancías, a cargo del consejero de Territori, Damià Calvet. Se trata de una recopilación de buenas prácticas y recomendaciones para la gestión de la logística urbana que pretende influir en el desarrollo de actuaciones políticas en este ámbito en Catalunya.

En efecto, la alta concentración de población en el área urbana, ligada a la consolidación del comercio electrónico, así como a los cambios en la manera de proveer a las tiendas situadas en las zonas comerciales de nuestras ciudades, plantean un escenario complejo donde la logística del futuro deberá formular nuevas opciones con el objetivo de conseguir mantener el servicio con garantías sin repercusiones en el medioambiente, ni en la manera de vivir la ciudad que desean sus habitantes.

Comparto con los autores del informe la necesidad de cooperación entre el sector público y el privado, no obstante, difiero en la estrategia a desarrollar.

“El carsharing, los camiones inteligentes o los vehículos eléctricos, por citar algunas de las mejores prácticas mencionadas en el informe, no solucionarán los problemas de congestión”

El comercio electrónico continúa creciendo en nuestro país y todo indica que lo seguirá haciendo en los próximos años. Obviamente, este desarrollo plantea un reto muy importante para el sector de la logística. Sin embargo, las compras en línea no pesan más de un 6% del total de las ventas del comercio minorista, es decir, que el 94% de las transacciones minoristas continúan realizándose en las tiendas físicas, en las plazas y calles de nuestras ciudades y pueblos. Esta información suele obviarse en la mayoría de estudios que, con frecuencia, abordan la problemática de la logística urbana con el foco orientado hacia el incremento del e-commerce, tal vez por tratarse de un fenómeno relativamente novedoso y en evidente crecimiento. Ahora bien, desde hace ya algunos años, los profesionales de la distribución comercial asistimos a un cambio de hábitos en el aprovisionamiento de los comercios físicos debido, entre otros motivos, al encarecimiento del suelo comercial y la necesidad de explotar al máximo cada metro cuadrado disponible, y a las programaciones de stock en plazos cada vez más cortos, que suponen una mayor frecuencia de aprovisionamiento de los negocios y, consecuentemente, un incremento de las entregas de mercancía.

Compaginar eficiencia, medioambiente y calidad de vida con servicio y rentabilidad de las empresas no es una ecuación fácil de resolver y, es precisamente por ello, que considero que nuestras administraciones deberían ser mucho más valientes en sus planteamientos, tener una visión más amplia de los retos presentes y futuros y trabajar con miras a medio y largo plazo. Por todo ello, considero una visión sesgada hablar de tipos de vehículos, mejora de los flujos o capacidad de las vías urbanas, al formar parte de una estrategia que, a mi entender, se aleja de los objetivos que pretendía alcanzar. El carsharing, los camiones inteligentes o los vehículos eléctricos, por citar algunas de las mejores prácticas mencionadas en el informe, no solucionarán los problemas de congestión y, en algunos casos, de caos circulatorio en los accesos a las ciudades, ni incrementarán tampoco la calidad de vida de sus ciudadanos. Además, tengo dudas fundadas de que tampoco resultarán decisivas para la optimización de las entregas de última milla.

“Contemplo la iniciativa de creación de Centros de Consolidación Urbanacon entusiasmo, por lo que supone de innovación, y como una solución real a los retos medioambientales, facilitando, además, la humanización del espacio público y mejorando la circulación tanto en el centro como en los accesos a las ciudades”

Necesitamos apuestas innovadoras que puedan convertirse en proyectos referentes para orientar e inspirar las políticas en materia de DUM de nuestras ciudades. Proyectos propios que tengan en cuenta las características de las poblaciones mediterráneas y su manera de entender el comercio y la vida. Apuestas valientes que supongan una solución duradera para los retos de la logística urbana. Por ello, contemplo la iniciativa de creación de Centros de Consolidación Urbana (CCUs) con entusiasmo, por lo que supone de innovación, y como una solución real a los retos medioambientales, facilitando, además, la humanización del espacio público y mejorando la circulación tanto en el centro como en los accesos a las ciudades. Al mismo tiempo, constato, una vez más, una falta de intrepidez en ir más allá y franquear limitaciones que, por distintos motivos, se suelen imponer nuestras administraciones y muchos de los consultores que colaboran con ellas.

¿Alguna idea en concreto? ¿Qué les parecería si esas CCUs fuesen espacios públicos gestionados por una única empresa que, tras la licitación pertinente, ganase un concurso con todas las garantías de transparencia y que a su elección pudiesen participar las diferentes partes interesadas (stakeholders) de cada localidad? Estoy convencido de que esta iniciativa resolvería la mayoría de los problemas actuales y futuros, favorecería la cooperación sectorial y supondría un referente para otras ciudades, lo que permitiría exportar ideas en lugar de importarlas y recuperar la imagen emprendedora, creativa y valiente que Catalunya no debería haber perdido jamás.

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