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Grandes oportunidades de la digitalización para la logística

Gregorio Recio Consultor ejecutivo en Nae

29 agosto, 2018

La nueva era digital es una realidad. Nuestra sociedad la acepta y la incluye cada vez en más aspectos de nuestra vida, lo que abarca tanto las relaciones entre individuos como también entre empresas.

Por primera vez en la historia, ante un avance tecnológico, las personas se han adaptado a esta situación antes de que las empresas puedan corresponderlas. La explicación es sencilla: la nueva era digital no radica en un cambio tecnológico, sino que nos encontramos ante un cambio social habilitado por la tecnología.

El sector logístico no es ajeno a los impactos que la nueva era digital genera. Los nuevos hábitos de la sociedad, en los que cada vez se incrementa el número de compraventas digitales y los consumidores son más exigentes, ocasionan que la logística esté adquiriendo una importancia capital como nexo entre las transacciones digitales y las entregas de bienes: habilita los nuevos comportamientos de los usuarios en los que se potencian las transacciones de productos entre personas de todo el mundo.

Para ello, los operadores logísticos han tenido que volverse más flexibles, rápidos y fiables, además de salir al paso con soluciones innovadoras de delivery que les permitan responder a las demandas actuales de los clientes: plazos de entrega fiables, amplios horarios de servicio, seguimientos en tiempo real, devoluciones ágiles, auto-shipping, etc. además de poder acceder a la información de forma autónoma.

Para asegurar la consecución de las nuevas demandas de los clientes es necesario abordar una serie de retos en varios ámbitos: la experiencia de cliente, la operativa y la tecnología.

Cada vez tiene más importancia mejorar la atención y satisfacción del cliente. Esto requiere entregas más rápidas a cualquier lugar, lo que demanda un cambio dirigido a potenciar la colaboración entre operadores que se especialicen en determinados grupos de operaciones o clientes. Para conseguirlo está contribuyendo de manera decisiva el análisis del big data. Los operadores logísticos disponen de enormes cantidades de datos relacionados, entre otros factores, con los hábitos y gustos de los clientes, lo que puede ayudar a anticiparse creando nuevos modelos de negocio que se ajusten a estas necesidades para lograr una mayor eficiencia operativa.

Esta nueva experiencia de cliente y los modelos de negocio capacitados obligan a las empresas a transformarse internamente para desarrollar una cultura digital, procesos y operaciones más ágiles. Asimismo, también obligan a incorporar modelos de trabajo y colaboración en red que les permitan hacer frente al cambio con la rapidez que está demandando el mercado.

Debemos hacer nuestros, principios como la apertura y transparencia, co-creación, comunidad, reciprocidad y meritocracia y, a nivel operativo, incorporar la automatización de gestiones y operaciones, digitalización de la gestión documental e implementación y mejora de la seguridad tecnológica.

La tecnología es el principal reto y, a la vez, oportunidad, para el sector logístico mediante la expansión y consolidación del internet de las cosas (IoT), la interconexión digital de objetos cotidianos a través de internet. El internet de las cosas es un nuevo marco de relación de las personas, empresas y organizaciones con su entorno, a través de tecnologías como dispositivos móviles, sistemas GPS o chips RFID. Los principales retos que el sector debe afrontar en este ámbito son la gestión del almacenamiento (impacta en la rentabilidad y satisfacción del cliente) y la gestión de las flotas (ya no se trata únicamente de conocer dónde se encuentra cada uno de los vehículos sino de integrar dicha información en el entorno y realizar una toma de decisiones constante y en tiempo real).

Finalmente, también debemos insistir en que sin el compromiso férreo de la alta dirección no podremos transformar la cultura corporativa, y la estrategia digital debe concretarse cuanto antes.

La adaptación de la logística a esta nueva era es crucial para el devenir del sector, no sólo por las amenazas que deberán afrontar las empresas que no se adapten sino, especialmente, por las ventajas competitivas que adquirirán aquellas que sepan aprovechar las oportunidades existentes.