“Esperamos alcanzar una flota de 100 vehículos propios en 2017”

por El Vigía

Grupo Torres acaba de abrir sucursal en el puerto de Algeciras. Carlos Prades, su director general y tercera generación en el negocio, junto a su hermano, César Prades, ha situado a la firma en una de las empresas punteras del sector, especializada en el transporte de reefer. Su lema: “Trabajar mucho, con honestidad y seguir la apertura de mercados”. Prades entró en la firma, creada por su abuelo materno, con 18 años. La compañía se dedicó, durante décadas, al transporte de madera tropical procedente de África. Tras sucesivos cambios en la titularidad del negocio, el grupo ha logrado consolidar una marca que ha facturado cerca de nueve millones de euros durante el ejercicio 2016.
Empezó como auxiliar administrativo en la empresa familiar.
Yo iba para médico. Por unas décimas no logré entrar en la facultad y me fui a Biología. Pero no era lo mío. Así que con 18 años me vine a la empresa como auxiliar administrativo. Empezamos entonces a modernizar la compañía, con los nuevos sistemas informáticos y otra visión de la gestión. En 1995, mi padre tenía 65 años, el sector estaba cambiando a un ritmo de vértigo y la empresa iba mal. Incluso nos aconsejaron que cerráramos y nos fuéramos del puerto. Con mucho esfuerzo logramos constituir Transportes Remedios Torres, actual filial del grupo. Fue cuando mi padre se jubiló y entré como gerente.
¿Cómo se pasa de cinco camiones en 1995 a una flota de 70?
Las empresas familiares tienen sus peculiaridades y cada rama, los hijos, los hermanos, los primos, su visión del negocio. Para remontar la caída propuse algunas medidas de urgencia, como aglutinar la financiación a precio barato en una sola entidad, no en 20.000 bancos, o cambiar las formas de pago de clientes y proveedores. En definitiva, profesionalizar la gestión. De este modo, logramos crecer con la madera. El contenedor era algo que cogías cuando no había troncos, no era nuestro núcleo de negocio. Lo hacíamos para que el camión no estuviera parado. Ahora movemos 120 vehículos diariamente.
grupotorres
A mediados de los 90 se produce el cambio de legislación en los países de África que impulsan leyes para evitar la exportación materia prima. ¿Cómo impacta en la firma?
Estos países querían que las fábricas se montaran en origen, que es una aspiración legítima, pero nosotros redujimos drásticamente la facturación. Cada vez llegaba menos madera al puerto y la que lo hacía, venía elaborada, en chapa, en paquetes, la madera serrada en tablón… Eso también duró poco porque inmediatamente las navieras lo que hicieron fue decirle al cliente: “oye mete esto en una cajita que te vas a ahorrar costes”. Entonces ocurrió que nuestros clientes madereros de toda la vida nos avisaron de que se iban a pasar al contenedor.
Y es cuando su empresa da el paso al contenedor, pero sin dejar la madera.
Sí, de la mano de Maersk. En el puerto, disponíamos de unas casetas pequeñas para los transportistas originarios. Todos eran madereros y todos se pasaron al contenedor, pero opté por mantener ambos negocios. Me propuse que el último tronco que entrase en Valencia lo llevase a cabo Torres. Parece una tontería, pero el resto residual de madera, que todavía era importante, de todos los transportistas clientes madereros, acabó confluyendo en Torres, lo cual nos dio cinco años de respiro. A la vez, me fui incorporando poco a poco al contenedor.
En 2003, con una flota de 15 camiones, les aconsejan crecer para trabajar con grandes navieras.
En junio de ese año me advierten de que soy un proveedor flojo para las grandes y que si quiero seguir con Maersk necesito 25 nuevos vehículos antes de diciembre. Acepto el reto. En 2005, me confirman que están satisfechos con el trabajo, pero que necesitan reestructurar su cartera de transportistas. El servicio es bueno, pero tienes que duplicar la flota, me advierten. Nos lanzamos y en noviembre de 2005 decidimos comprar la empresa de Vicente Ramírez Dolz. Pasamos a tener 42 vehículos. Fue mi primera gran inversión, porque también venían los camioneros en el lote. Fue complicado integrar ambos equipos.
En 2007-2008 se inicia la crisis y bajan el volumen de trabajo al 40%.
¿Qué hicimos? Analizar la realidad. De los 42 camiones, vendo 16 y reajusto la plantilla. Es la peor época que recuerdo. Se produce la fusión definitiva, es decir, sólo queda Torres.
Sin grandes alardes fueron remontando la crisis.
En 2007 tuvimos un bajón, pero conseguimos normalizar el negocio. Unificamos la flota, la imagen de la empresa empezó a tener protagonismo y logramos la estabilidad del grupo en Valencia. La crisis se ha hecho larga, pero hemos conseguido buenos datos para 2016 y las previsiones son favorables.
La carretera empieza a bajar con la aparición del tren.
Efectivamente, y ahí se produce un cambio en el sector, con las nuevas directrices de la Unión Europea de potenciar el ferrocarril. Me planteo qué puedo hacer y veo que si el tren me quita el trabajo, debo irme donde descarga. Cambio la estructura de Torres y le comento a Maersk que quiero abrir en Madrid, en Coslada, con cinco vehículos. Se consolida porque ahora hay 10 y todo lo que llega por tren lo repartimos nosotros.
La empresa se ha especializado en reefer.
En ese proceso de cambio al contenedor, vi la experiencia de otros que soltaron la madera y decidí pararme a estudiar el mercado porque no me gustaba lo que ocurría en el sector. Me planteo como reto ganarme a la naviera Maersk, con paciencia, lograr que confíen en nuestro servicio. Y ocurre que en un momento en el que les falla el transportista habitual, ahí estábamos nosotros. No tenía estructura, pero me lancé a la piscina. Busqué colaboradores, compré algún vehículo más y nos centramos en dar el mejor servicio. Aquello fue nuestra mejor tarjeta de presentación. Maersk se caracteriza por el frío. Me comunican que va a venir una partida de generadores de electricidad y me los quedo. Paso de cero a contar con 20 generadores. Ése fue uno de los hitos de la empresa, iniciar la especialización.
El ejercicio 2016 ha supuesto su consolidación en el territorio nacional.
Era uno de nuestros objetivos. Tenemos delegación desde hace cuatro años en Madrid, hace tres en Zaragoza, a principios de 2016 abrimos en Barcelona y este mes en Algeciras. Acabamos de firmar el acuerdo con Maersk para operar allí. De cara a 2017, esperamos ampliar la flota a 100 vehículos y alcanzar las 100 unidades propias.
Trabajan para APM Terminals.
Pasamos un pequeño varapalo cuando Maersk compró a TCV, que ahora es APM Terminals. La firma optó al tender de transporte terrestre Barcelona- Zaragoza y, por la sinergia del grupo, se lo concedieron a TCV. Pero hemos conseguido que nos subcontraten. En Barcelona trabajamos con una empresa asociada con experiencia en el recinto catalán y que, además, comparte nuestros principios éticos, es decir, trabajar con honestidad.
¿Cómo define su cartera de servicios?
Nuestro punto fuerte es la especialidad en el tráfico de contenedores frigoríficos, ya que tenemos 42 semirremolques con generador para contenedores reefer. Las cargas de carne congelada suelen ser muy pesadas, lo que nos ha llevado a adquirir 10 cabezas tractoras de tres ejes. Esto sería nuestra referencia más clara, pero también realizamos transportes de mercancías peligrosas ADR, disponemos de plataformas basculantes para los contenedores que van a granel y contamos con licencias comunitarias para el transporte internacional.

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