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Eliminar los peajes en España sería como meterse dos goles en propia puerta

Carlos Calvo Ambel Responsable de Transport & Environment en España

9 julio, 2018

El Gobierno central ha anunciado planes para no renovar las concesiones en varias autopistas. Eliminar los peajes por completo sería un notable error que conllevaría meterse dos goles en propia puerta: un autogol contra el clima y otro contra los contribuyentes. El Gobierno debería usar esta oportunidad para reformar el sistema de peajes, especialmente para los camiones, y empezar a recoger los frutos de una nueva política de carreteras.

Hay un malentendido, bastante extendido, que consiste en pensar que los peajes suponen un peso inasumible para los transportistas y la economía en general. Sin embargo, si se mira el impacto de los peajes en Bélgica, implantados recientemente, se aprecia que el 85% de los costes adicionales pasa a los clientes. Significa que el impacto económico sobre los transportistas es limitado. Para los clientes que pagan la cuenta, el transporte supone entre un 2 y un 5% de los costes de producción. Esto se traduce en que un aumento de los costes de peaje de un 15% implican una subida de un 0.5% de los costes de producción. El impacto sobre los precios al consumo es tan bajo que no se aprecian diferencias en los países donde ya existen peajes para camiones en toda la red de autovías y autopistas, como es el caso de Alemania. Peajes y negocios no son incompatibles.

España no debería cerrar los peajes, sino usar esta oportunidad para rediseñarlos. Eliminar los peajes por completo implicaría que el coste de mantenimiento pasaría a asumirse por parte de los presupuestos del Estado, por lo que las carreteras las pagaríamos entre todos, y no solo quienes las usan. Alemania tiene un sistema racional: los peajes para camiones generan al año 4.000 millones de euros, que van a los cofres del Estado. Alemania puede permitirse este modelo porque no trabajan con concesionarias de la misma manera que lo hace España. Al contrario, Alemania contrata a un operador del sistema, que se queda con un pequeño porcentaje de lo que recauda. El resto va al Estado. El sistema actual en España establece que las concesionarias privadas se quedan la mayor parte de lo que ingresan los peajes. El año pasado, estas empresas ganaron más de 2.000 millones de euros. Este es uno de los dos goles en propia meta que podríamos parar en el futuro.

Además, adoptar un sistema de este tipo permitiría mantener todos los empleos del sector. Los sindicatos se han mostrado preocupados por la eliminación de 1.300 empleos directos vinculados al sector. Mantener estos empleos ayudaría a demostrar que una transición justa es posible, donde la sostenibilidad no está reñida con criterios económicos, sociales y medioambientales.

Los peajes también pueden contribuir a que España alcance sus objetivos climáticos. Los vehículos pesados son responsables de alrededor del 30% de las emisiones del transporte por carretera. Suprimir los peajes podría aumentarlas y terminar con la posibilidad de establecer incentivos para la compra de vehículos limpios. Este es el segundo gol en propia puerta.

Alrededor del 20% de los camiones europeos viajan vacíos, mientras que aquellos que llevan carga no lo hacen a su máxima capacidad. Esto es prueba de un sistema ineficiente, lo que se traduce en emisiones prescindibles. El problema se debe en parte a que el transporte es demasiado barato. Los peajes aumentan los costes de operación del transporte de mercancías por carretera, lo que incentiva a mejorar cuánto se cargan los vehículos. Esto conlleva también beneficios para el clima porque habría menos camiones circulando sin tener que disminuir la cantidad de bienes transportados.

Los peajes pueden jugar un papel aún más importante para reducir las emisiones en España. La cantidad que se cobra se podría diferenciar: los más limpios pagarían menos, mientras que los más contaminantes pagarían más. Esto ayudaría a que los transportistas inviertan en camiones más limpios, lo que se ha observado en países como Alemania y Bélgica, donde los camiones pagan en función de su desempeño ambiental. En el caso de Alemania, incluso van a permitir que los vehículos con cero emisiones no paguen nada a partir del año que viene.

El Gobierno puede ganar con los peajes. El mantener los peajes es clave para que España pueda generar ingresos del sector del transporte por carretera, al mismo tiempo que contribuye a alcanzar los objetivos climáticos. Implica repensar cómo operan los peajes en la actualidad. La mayoría de los ingresos deberían ir al erario público en lugar de a empresas privadas, al mismo tiempo que cobra en base a cómo de limpio es cada camión. Con la política de eliminar los peajes España pierde dos a cero, pero todavía hay tiempo para darle la vuelta al marcador.