El cargador y el logístico, cerca de la Administración

por El Vigía

Varios son los colores que caracterizan los libros que habitualmente recibimos como envoltorio del pensamiento. Entre ellos destacan los libros blancos que aportan análisis y previsiones a futuro, entre ellos los del transporte que va lanzando la Comisión Europea –y que ahora se está en su revisión intermedia–, libros verdes con un enfoque medioambiental u orientado hacia la sostenibilidad, cuadernos amarillos, como el de Salvador Pániker, o los libros rojos como el del psicólogo Jung.
A principios de octubre, Aecoc me invitó a presentar el Libro Rojo de la Logística, lo cual agradecí e hice encantado junto con Gonzalo Sanz, el anterior presidente de UNO. Y en efecto, era rojo. Su portada y contraportada delataban el colorado corporativo de alguna de las marcas colaboradoras. El libro es una obra magna acerca de la logística, un gran trabajo colectivo –veintidós autores, todos ellos auténticos conocedores y vividores de la logística–, iniciativa del Foro de la Logística de Caleruega (Felog). De este municipio de Burgos era natural Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden de los predicadores, espíritu que, al parecer, ha calado en Felog, tratando de predicar el buen hacer en el mundo de la logística.
Además de suponer un análisis y diagnóstico de lo más importante, es un hito que marca el estado de situación y que servirá siempre para representar el momento que vivimos en materia de logística en nuestro país. Llega, además, en vísperas de conocer los compromisos electorales y conviene que fuese leído por los futuros equipos que traten de dar lo mejor de sí mismos. A algunos de los autores del libro rojo los conozco desde hace años, y he vivido con ellos situaciones de todo tipo, pero siendo la mayoría expertos en materia logísticas –desde sus departamentos respectivos como cargadores o bien como operadores logísticos–, he conocido de cerca su evolución con respecto a la Administración. Por ello, aproveché la ocasión de presentar el libro de Felog para insistir, una vez más, en que la evolución del organigrama del ministerio de Fomento y, en consecuencia, su reorganización en el futuro, debe avanzar en la construcción de lo que tiene que ser la casa natural de la logística, además de la del transporte. Todo ello sin desmerecer a otras administraciones estatales, autonómicas o locales también implicadas en el desarrollo de la actividad.
El ministerio de Fomento debe, cada vez más, ocupar un espacio esencial como referente de unos sectores que trabajan en la cadena de suministro. La experiencia de los últimos años, con la puesta en marcha de diversos planes de actuación –recuérdese el plan Petra, así como el plan de impulso de transporte de mercancías por ferrocarril, y, más recientemente, la Estrategia Logística–, permiten visualizar y reafirmar un trabajo estrecho entre actores privados relacionados entre sí en su operación diaria, aunque con puntos de vista e intereses diferentes. Ejemplo de ello pueden ser cargadores, logísticos y transportistas, y el ministerio de Fomento, a su vez coordinándose con las comunidades autónomas y otros departamentos implicados. Existe margen de actuación desde el Fomento en asistir al mundo de la logística en sus necesidades.
En ese sentido, a la hora de reflexionar sobre lo que ha sido la evolución de la profesión logística en el seno de las empresas productoras, hay que poner especial énfasis en algo que caracteriza las últimas décadas: la externalización de esas actividades en grados cada vez mayores (desde el 1PL al 4PL) e intensos. La externalización pudiera malentenderse como una forma de hacer descansar la responsabilidad de algunas materias que no son el centro de actividad principal de la empresa, tales como el transporte, en hombros de especialistas que son capaces de dar una respuesta más solvente a los desafíos que se plantean. Sin embargo, aunque suene contradictorio, lejos de producir un alejamiento en el interés por la cuestión, la externalización ha potenciado la actividad logística dentro de las propias empresas cargadoras, ha repartido roles entre los diversos operadores que colaboran con ellas, y ha coadyuvado a que la logística pase a ocupar un espacio estratégico en el seno de las empresas. Cualquier organización que se precie tiene que basarse en un modelo colaborativo y en equipos donde reine la confianza. Ésta ensancha la capacidad de imaginación y resolución, eleva los techos de cristal y amplía mucho la capacidad de abarcar campos, que una organización con un modelo exclusivamente jerarquizado no consigue. Lo que parecía una paradoja irresoluble, en un principio, resulta que ofrece un resultado potenciador de la logística.
En otras palabras, parece evidente que la experiencia muestra que cuando se deja una actividad de la empresa en manos de un especialista, como el transporte o el almacenaje, lejos de suponer para la empresa productora una forma de desentenderse de todo ello, termina por ampliar mucho más su conocimiento y su fortaleza. En este sentido, la logística pasa a ocupar un lugar transversal, cada vez de mayor peso en la propia empresa. Ello ha permitido que esos empresarios o ejecutivos vayan siendo cada vez más conscientes de la importancia y la necesidad de protagonizar un diálogo directo con otros actores importantes de la escena, ordenadores de la actividad, como son las administraciones públicas y organismos reguladores.
Cada vez es mayor, y más constante, la presencia, en las agendas de las administraciones públicas del transporte, de reuniones con representantes de los departamentos logísticos de las empresas cargadoras. Asimismo, cada vez es mayor y más activa la presencia de operadores logísticos integrales buscando una regulación y ordenación del sector más acorde con la presión y exigencia que la competencia y sus clientes les vienen requiriendo. Pues bien, como si la realidad viniera a dictarme este artículo, al día siguiente de la presentación del Libro Rojo de la Logística, participo en Gijón en el foro de CETM sobre la multimodalidad, en un formato dinámico e interesante. Allí debatimos sobre todos los aspectos de los diferentes modos de transporte y en sus interfaces que abran oportunidades de negocios y soluciones cada vez más acordes con los retos medioambientales de seguridad y de competencia. Se percibe, por otro lado, que si bien los operadores y los cargadores logísticos quieren ir ocupando espacios de diálogo y ser referentes directos de interlocución con las administraciones, el mundo tradicional del transporte por carretera tampoco se queda parado. De esta forma, avanza hacia una visión multimodal y logística, con una implicación cada vez mayor en el mercado y en los productos de sus clientes.
No cabe duda de que hay una competencia por posicionarse de manera más directa en la interlocución con la Administración, lo que pudiera –y lo apunto sólo a título de presunción– haber sido una causa de desencuentro a la hora de abordar algunas reformas recientes, como la reforma de los pesos y dimensiones. No me cabe la menor duda de que la vía del diálogo y la colaboración tiene que ser la que se imponga con franqueza y de una manera abierta en todos los asuntos. Cuando el enfoque inicial que nace de la defensa de sus intereses lleva una posición de desencuentro, la evolución del diálogo conduce a la comprensión de que se está ante el funcionamiento de una realidad que interesa a todos y, por lo tanto, que hay posibles lugares de encuentro.

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