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Eco-innovación en el sector logístico

Ignasi Sayol Presidente de Pimec Logística

10 noviembre, 2017

A día de hoy es imprescindible el desarrollo de productos y servicios que contribuyan a un desarrollo sostenible, aplicando estrategias comerciales con el fin de generar, de forma directa o indirecta, beneficios o mejoras ecológicas. Su importancia y necesidad se acentúa cuando hablamos del sector logístico.

Logística es sinónimo de complejidad. Y es que, en la actividad logística intervienen un enorme número de agentes y procesos que afectan a gran parte del ciclo de vida de los productos.

En los años 90 del siglo pasado, la logística tuvo la necesidad de evolucionar hacia un modelo que abordara más etapas en la cadena de valor, apareciendo el concepto de cadena de suministro. Una cadena integral, que se iniciaba en los proveedores de materias primas de los fabricantes y llegaba hasta el consumidor final, pasando por los fabricantes, distribuidores, es decir, por un conjunto de eslabones que se podían encontrar en cualquier lugar del mundo. Esta globalización de la cadena de suministro obligaba a una gestión integral, buscando el óptimo global y no los óptimos locales. Es decir, no nos preocupa ser más eficientes en un eslabón concreto de la cadena si con ello empeoramos la eficiencia de la cadena global.

ecoEn los últimos diez años, hemos visto cómo los avances en el sector se dirigen hacia la creación de una cadena de valor inteligente y veloz, mediante el uso cada vez más extensivo de la tecnología. En este escenario se produce una competencia entre cadenas de suministro contra cadenas de suministro, por lo tanto, la colaboración entre los diferentes eslabones de la cadena es clave. La logística adquiere, cada vez más, una posición privilegiada de cara al cliente final y una posición central en el ciclo de vida de los productos.

En un sector vivo, que evoluciona a medida que evoluciona la tecnología y la economía, el futuro se presenta con desafíos tan interesantes como complejos, como es el caso, por ejemplo, de la sostenibilidad. Este concepto aparece como un elemento esencial, pues no podemos concebir nuevos modelos de negocio sin tenerlo en cuenta.

¿Cuál es su impacto ambiental?
Según el IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático), la logística tiene un impacto del 5,5% del total de las emisiones de efecto invernadero globales. De ese 5,5% de las emisiones que provoca el sector, el 60% son provocadas por el transporte en carretera.
Es innegable, en este sentido, que durante los últimos años se ha venido trabajando para mejorar la situación. Sin embargo, a pesar de ello, los datos revelan que los vehículos y las aeronaves continúan siendo los modos de transporte menos eficientes desde un punto de vista medioambiental.

Las cifras son concluyentes. Sin embargo, hacer frente a este impacto en el medio ambiente es un reto arduo y de gran complejidad, ya que el sector está ligado y condicionado por los modelos de producción y consumo actuales. En este sentido podemos hablar, por ejemplo, del comercio electrónico o los plazos de entrega, cada vez más reducidos. A medida que crece el comercio electrónico y aumentan las exigencias y necesidades de los clientes en las entregas, crece también el impacto del sector en el medio ambiente.

Más allá del consumo energético fósil en las operaciones logísticas, nos encontramos con otro gran problema del sector: la generación de residuos. En este punto podemos referirnos a sistemas de envase y embalaje que también provocan un impacto importante en el medio ambiente y que, con frecuencia, cuentan con ciclos de vida muy cortos. Sin duda, aquí nos enfrentamos a otro gran reto que exige una rápida actuación y soluciones, de nuevo, innovadoras.

Grandes retos de la logística
En primer lugar, las tendencias llevan hacia una logística inteligente y sostenible. Requisitos vitales para lograr una economía circular.
El segundo gran reto es el de la integración y multimodalidad. Para avanzar hacia ese modelo más sostenible, se torna imprescindible la planificación y gestión del territorio, así como la integración de nuevos recursos y herramientas para mejorar la trazabilidad y la comunicación entre los diversos agentes que intervienen en el proceso. La multimodalidad aparece como un elemento clave, debemos ser capaces de utilizar el modo de transporte más eficiente en cada caso, ya sea transporte por ferrocarril, carretera, aéreo o marítimo. Los modos de transprote más eficientes desde un punto de vista de costes lo son también desde un punto de vista medioambiental. El consumo por tonelada transportada del avión es más alto que el del camión, el cual es más alto que el del tren y, finalmente, el ferrocarril es más alto que el del barco.

En tercer lugar, debemos tener muy en cuenta al consumidor final. Y lo cierto es que el consumidor cada vez pone más interés en los procesos e impacto de los productos y servicios que consume. En este sentido, tenemos que ser eficaces y transparentes. Para lograrlo, contar con los instrumentos y herramientas que nos permitan comunicar al consumidor final el efecto de nuestras operaciones en el medio ambiente será de vital importancia. En algunos países, el menor impacto medioambiental ya empieza a ser un elemento clave a la hora de decidir nuestro proveedor logístico.

Pasos hacia la sostenibilidad
Afirmábamos al principio que el 60% del impacto de la actividad logística en el medio ambiente corresponde al transporte por carretera. Es clara y evidente la necesidad de soluciones que contribuyan a mejorar este aspecto. Como explicamos anteriormente, una línea de actuación es utilizar modos de transporte más eficientes cuando sea posible. Además, desde hace ya algún tiempo el sector ha comenzado a implantar medidas en forma de vehículos más eficientes que, sin mermar la efectividad de las operaciones, son capaces de reducir el impacto ambiental. Queda mucho camino por recorrer, pero los primeros pasos ya se están dando. Así, vemos como se empieza a apostar por combustibles más limpios; la utilización en la fabricación de materiales más ligeros que permiten la reducción del peso, etc.

Y de cara a la última milla, vemos alternativas en desarrollo, tales como aplicaciones que permiten optimizar las entregas mediante la creación de rutas eficientes, uso de vehículos no contaminantes para la entrega o incluso a futuro el uso de drones, pendiente actualmente de problemas legislativos.

Por otra parte, otra de las propuestas habituales desde hace ya algunos años es el consumo colaborativo. Este nuevo tipo de consumo tiene como base la idea de que, gracias a la tecnología, somos capaces de compartir recursos e infraestructuras. Podemos ser más eficientes, compartiendo la distribución y el acceso a productos y servicios.

eco 2Educar al cliente es otra de las propuestas. Y es que los patrones de consumo de los clientes tienen mucho que ver con el impacto del sector a nivel ambiental. Haciendo consciente al cliente del impacto, y ayudándole a tomar decisiones que amortigüen dicho impacto no sólo reducimos la contaminación, sino también los costes de operación. ¿Cómo? Aumentando los plazos de entrega, apostando por entregas nocturnas, etc.

Por otro lado, tal y como comentábamos antes, combinar modos de transporte permite una mayor eficiencia, tanto desde el punto de vista medioambiental como de costes. Así, las nuevas tendencias apuestan por derivar parte del transporte por carretera –el que mayor impacto provoca en el medio ambiente– a modos más sostenibles, como el ferrocarril o el transporte marítimo. Este reto exigirá de un modelo logístico más colaborativo y también la adaptación de las infraestructuras al nuevo marco. Además, será necesaria la actuación de las ciudades y regiones, facilitando la colaboración entre agentes. Para ello las normativas y legislaciones se deben revisar y adaptar.

Y hablando de agentes, la coordinación será fundamental, así como la gestión de la información, entre otras cuestiones. En este sentido, las nuevas tecnologías de la información, el Internet de las Cosas o el Big Data serán clave en el sector.

Las nuevas tecnologías han llegado para cambiarlo todo. Y hoy, permiten en tiempo real manejar y gestionar grandes volúmenes de datos y bienes. Lo cual permite, indudablemente, una mayor eficiencia. Sin ir más lejos, los sistemas de gestión y planificación de las rutas, en el marco medioambiental sobre el que estamos hablando, permiten reducir el transporte y maximizar el aprovechamiento de las infraestructuras.

Cualquier avance que mejore la eficiencia será vital. Cierto es que los primeros pasos hacia ese modelo ideal más eficiente y respetuoso con el medio ambiente ya se han dado. En cualquier caso, el camino se antoja algo largo y complicado, pero hemos comenzado a recorrerlo.

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