Covid-19: la aceleración de una transformación para la que debemos estar preparados

por Juan Carlos Moro
Juan Carlos Moro

Consejero delegado de DB Schenker en Iberia

Vivimos tiempos sin precedentes, de forma global y en un contexto inaudito en la historia reciente. Tiempos en los que la economía ya se ha resentido notablemente. La aplicación del estado de alarma, la paralización del comercio y el cierre de fronteras ha congelado de forma preocupante la economía y, de forma más concreta, el movimiento de mercancías. A pesar de la crisis, el sector logístico y, dentro de este, DB Schenker, ha seguido operando de forma continuada para dar respuesta a las necesidades urgentes de una sociedad y de sus clientes que siguen demandando la cooperación de todos para salir adelante.

En este sentido, nosotros nos hemos mantenido al 100% de nuestra capacidad desde el inicio de la pandemia, tanto en transporte terrestre como en carga marítima y aérea y en logística de contratos, conscientes de que el trabajo de esta industria resultaba más esencial que nunca. Sin embargo, tal y como reflejan datos como los publicados por el ministerio de Industria, Comercio y Turismo, otros sectores se han visto obligados a detener su actividad. Reflejo de ello es el último índice de comercio exterior de mercancías, correspondiente al mes de abril. En los momentos más críticos de la pandemia, las carreteras se han liberado y numerosos negocios han echado el cierre.

Las medidas de confinamiento y, por ende, la paralización económica, se han visto traducidas en una brutal caída interanual en abril del 37,2% en las importaciones y del 39,3% en las exportaciones de mercancías, lo que refleja la severidad con la que ha golpeado el coronavirus nuestra supervivencia. Este descenso es muy superior al que han sufrido otros países, con diferencias de hasta 10 puntos respecto a Alemania y la Eurozona en general y siendo Francia la única nación de la Unión Europea que supera la caída española. Estos indicadores son un termómetro tangible de hasta dónde puede decaer la economía con una sociedad en estado de coma inducido.

Como es lógico, la mayor parte de los segmentos económicos y de consumo se han visto gravemente afectados por la crisis, a excepción del de la alimentación, que se ha revelado incluso más activo durante la pandemia. En cuanto a los más damnificados, como pueden ser el de la automoción o el de los bienes de equipo, el nivel de exportaciones e importaciones ha mantenido una reducción drástica que ya se había apreciado en el mes de marzo.

“Las medidas de confinamiento y, por ende, la paralización económica, se han visto traducidas en una brutal caída interanual en abril del 37,2% en las importaciones y del 39,3% en las exportaciones de mercancías, lo que refleja la severidad con la que ha golpeado el coronavirus nuestra supervivencia”

De este modo, el único dato esperanzador ha sido el crecimiento de las exportaciones hacia China y Taiwán, mientras que el resto de los países han reducido sus tasas a niveles tan significativos como el -41,7% hacia Francia o el -43,4% hacia Italia. Fuera de Europa, la estadística nos deja un decrecimiento del -36,3% respecto a Estados Unidos y del -55,6% en cuanto a Argentina. En este escenario, solo se salva nuestra posición de “granja y huerto europeos”, que nos permite mantener o incluso incrementar nuestra producción y exportación de productos de calidad.

Debemos actuar para cambiar las tornas, de forma ágil. Esta situación no se arreglará jugando al inmovilismo, y menos todavía sumiendo al país en una deuda a la que nunca podrá hacer frente. Bajo mi punto de vista, esta es una crisis de actividad, no de liquidez, lo que significa que la solución no pasa por ofrecer créditos ayuda para tapar agujeros, porque ya son demasiado profundos a estas alturas. El escenario actual obliga a los actores económicos y a la administración a anticiparse para proponer y ejecutar soluciones, fomentar la ‘Marca España’, impulsar la exportación y reflotar sectores esenciales de nuestra economía, como el turismo.

Además, será fundamental poner en marcha medidas de reactivación económica siguiendo la estela de otros países como Alemania o Italia, con reducciones generales del IVA, por ejemplo.

El futuro se revela muy diferente a la forma en la que nos lo habíamos planteado. El paradigma empresarial ya está cambiando para evolucionar hacia un modelo híbrido, en el que las empresas deberán “adaptarse o morir” en esta “nueva normalidad”. De hecho, en estos tres meses, la crisis ha sentado ya ciertos precedentes, siendo uno de los más importantes el teletrabajo, instaurado ya en la mayor parte de las empresas en las que es posible operar en remoto. Por otro lado, la seguridad ha adquirido un nuevo significado, una nueva dimensión que la convierte en la prioridad absoluta bajo un elevado riesgo. En nuestro caso, por ejemplo, el día a día de nuestros operarios de almacén o nuestros transportistas se ha visto modificado por los nuevos protocolos a largo plazo.

Se ha puesto de manifiesto que nadie estaba preparado para afrontar estas circunstancias, pero las hemos afrontado y diría que con éxito. Esto nos conduce a una necesidad de transformación y reinvención en tiempo récord, pero, aunque no estábamos listos, podemos adaptarnos y alcanzar grandes logros. El tiempo pasa, y lo hace muy rápido. Podemos aprovechar este momento y verlo como una oportunidad, sin olvidarnos de ayudar a quien realmente lo necesita y de apoyar a las empresas para que todos rememos en la misma dirección.

“Espero que los actores económicos y la administración tomen el rumbo correcto y eviten el endeudamiento de las compañías, ya que, al fin y al cabo, son el motor de nuestra economía y las responsables de mantenernos a flote”

Personalmente, espero que los actores económicos y la administración tomen el rumbo correcto y eviten el endeudamiento de las compañías, ya que, al fin y al cabo, son el motor de nuestra economía y las responsables de mantenernos a flote. Seguir en el camino que ejerce presión fiscal, inseguridad jurídica y que incentiva la deuda, no rearmará nuestro sistema económico de forma directa ni sostenible, causando una losa de endeudamiento que tardaremos varias generaciones en recuperar.

Velocidad y cambio de dirección para no volver al comienzo. Esta debería ser la máxima del tejido empresarial y administrativo para incentivar la economía. Y la respuesta se encuentra en incentivos a empresas y ciudadanos, herramientas para facilitar la inversión y contratación activa, junto con la necesaria flexibilización de los ERTE. Un cóctel de medidas que seguro, juntas, provocan una reactivación de la actividad, la única manera de recuperar la normalidad económica de antes que todos deseamos.

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