Astic denuncia el “caos normativo” entre comunidades que perjudica al transporte

por El Vigía

La Asociación del Transporte Internacional por Carretera rechaza el aumento de burocracia y caos normativo que, en su opinión, se está produciendo en los países europeos y en las 17 comunidades autónomas debido a la crisis sanitaria. Una situación que supone la exigencia de múltiples documentos diferentes en formato, contenido y alcance para que los profesionales de la carretera puedan seguir ejerciendo su trabajo.

Astic alerta de que, con las medidas de cogobernanza anunciadas por el Ejecutivo de Sánchez, los gobiernos autonómicos tendrán aún más discrecionalidad a la hora de aplicar medidas de control en el movimiento interno de sus territorios y en el paso de unos a otros. “Se está conformando un verdadero caos, resulta sangrante comprobar que ante medidas como las tomadas por el gobierno de Catalunya se vuelva a dejar en la estacada, sin el menor respeto a sus necesidades, a los conductores profesionales que se ven forzados en el ejercicio de su esencial misión a recorrer las redes viales, sean regionales, nacionales o europeas”, afirman desde la patronal del transporte internacional por carretera.

La organización considera que se ha perdido una “valiosa oportunidad” para clarificar los criterios de reparto entre las CCAA para la gestión directa de los 12.400 millones de euros del Fondo React europeo (una parte de los 140.000 asignados a España del Fondo de Recuperación y Resiliencia de la UE). “Desde el Gobierno anuncian a bombo y platillo que los criterios de reparto serán objetivos y transparentes, pero la experiencia reciente nos hace temer que al final no sea así y quedemos muy lejos de lo que alentó Von der Leyen. Por tanto, solicitamos más que nunca coherencia institucional y uniformidad legislativa y documental”, señala su director general, Ramón Valdivia.

Mientras tanto, los principales sectores productivos siguen sin recuperarse, entre ellos, el del transporte de mercancías por carretera. La actividad sufre una caída en torno al 10-20% con respecto a la habitual, precipitado por el aumento exponencial de kilómetros en vacío (30% menos) y la consiguiente pérdida de rentabilidad. A esto se suma el descenso del 12% en los peajes internacionales y del 10% en consumo de combustible por vehículos pesados.

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